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Al penetrar como espectadores en el peculiar universo creativo de esta joven artista, nos atrapan anhelos, conflictos, desgarros, utopías compartibles... a la espera de gratificaciones, podríamos sucumbir ante la capacidad de seducción que es condición inherente a su obra, por excelencia autorreferencial.

Todas las obras de Mabel Poblet parten de un pasado y un presente inmediatos, de una realidad que en ocasiones habita a nuestro alrededor y no somos capaces de asimilar.

«No es que le falta el sonido, es que tiene el silencio».
Fina García Marruz

Imagen superior, obra sin título (2012). Debajo, Aún te veo (2012) Serigrafía sobre acetato transparente y acrílico sobre PVC (120 x 150 cm).

El erotismo sui géneris desborda el caballete, la mesa de trabajo, las páginas de los catálogos y las paredes de la galería en las poses sensuales, los labios carnosos saturados de rojo, la sonrisa tímida, el propio acto de besar… y se corona con la alusión a su individualidad.
Hubo quien me aseguró que esta criatura casi noctámbula parecía habitante de otro planeta. Ahora intuyo que el calificativo debió partir de su singularidad, y en todo caso de su apariencia, porque a lo interno se respira en ella lo universal cubano.
Al «enfrentarse» a sus creaciones —ya sean las serigrafías sobre acetato transparente, las cajas de luces o las instalaciones— con el ánimo de decodificarlas, uno siente que la travesía resulta más aleccionadora y gratificante cuando desfilan ante el espectador anhelos, conflictos, desgarros y utopías compartibles.
Pudiera pensarse entonces que no hay hazaña digna de encomio en esta suerte de discurso apegado a lo esencial que nos acompaña, si entendemos que esta connotación describe sencillamente la circunstancia de elevar lo cotidiano y el hacerlo comprensible para un segmento amplio de personas que se interesan por el hecho artístico.
Empero —desde la posición de quien dialoga con las piezas atraído por la acción plástica, distanciado de eso que se ha dado en llamar «crítico de arte»—, presumo que si algo define la producción intelectual de Mabel Poblet es precisamente la ruptura con el lugar común, con motivos y esquemas prefijados o anquilosados, lo cual se glorifica con la capacidad de seducción que le es inherente a un discurso por excelencia autorreferencial.
Los años formativos de esta muchacha delatan una prolijidad de inquietudes y hallazgos capaz de abrumar a cualquiera de sus contemporáneos, incluido quien esto escribe. A los 16 partió de su terruño, rumbo a la capital. Matriculó en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, se inscribió en la Cátedra de Arte de Conducta, bajo la égida de Tania Bruguera, y continuó luego sus estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA), de donde hace muy poco egresó.
Multifacética, el número de sus creaciones se hizo cada año más considerable, y también las exposiciones, tanto individuales como colectivas. De tal suerte, la década acunó el nacimiento de un nombre en el entorno más inmediato, casi al tiempo que una ascendente proyección internacional de su carrera.
Ciertamente, no parece del todo sensato referirse a ella en presente como una promesa, por más que a sus escasos 26 años de vida, con certeza, tenga un mundo virgen por delante.
¿Acaso puede hablarse de un estilo? Tal vez. Pero más provechoso que dirimir si la búsqueda de una identidad propia ha de ser o no faro del virtuosismo legítimo, es corroborar que nunca se da por vencida, que no impone frenos para la consecución de sus metas, por más que ya se nos antoje portadora de un sello reconocible dentro del heterogéneo y cambiante espectro de las artes visuales cubanas contemporáneas.

No te escucho (2011). Técnica mixta (122 x 244 cm).

SOPORTE DE ALMAS
En su ensayo «La “autorreferencialidad” de la experiencia estética», el académico e investigador español Luis Álvarez Falcón somete a análisis conceptos asociados al desarrollo de lo artístico y su recepción a lo largo de la historia.
«La naturaleza de la autorreferencia —señala— muestra en el “Arte” el límite impreciso entre lógica y estética, tensionado por un principio de “identidad” en cuya naturaleza se abre el abismo de su propia crisis lógica, y que hará del “Arte” una instancia crítica de la razón».1
Es por ello que, ajena a intenciones estetizantes, pero aferrada a ese «principio de identidad» que asimila como perentorio, Poblet se integra a la obra. La parte deviene compacto reflejo del todo, por más que en ocasiones apele a la distorsión, ya sea de la figura central o de las propias letras carentes de sentido que van delineando, según el colorido de la estampa, rostros, labios, párpados, senderos floridos…
Pudiera decirse que el canon es en cierta manera subvertido, y ella misma deviene encarnación de la obra de arte. El desconcierto inicial que puede provocar semejante transgresión se volverá ameno, se trocará reiterativo e incluso censurable, pero jamás indiferente.
La subjetividad se acrecienta cuando la artífice traslada al hecho artístico no solo su silueta física, sino también experiencias personales, en el afán de hacerlas extensivas a otros.
No pocos han mostrado confusión ante alguna obra suya, por lo que identifican como un regusto por elementos de violencia. Sin embargo, Mabel se defiende aduciendo que dicha «agresividad» más bien refleja un dolor psicológico y no físico, y que esta condición viene a sustentar una especie de clamor, de denuncia, de esperanza, efecto que le permite comunicar y a la vez interactuar con el espectador.
Como hace notar Álvarez Falcón, en cualquier caso «la presencia de la autorreferencia inaugura una “crisis lógica”, en la que los procedimientos de decisión de verdad o falsedad quedan puestos en suspensión. Esta consecuencia es crucial para el “Arte”, teniendo en cuenta la logicidad aparente de sus instalaciones técnicas».2
Situado junto a ella, en vista de que la timidez la subyuga —se considera una mujer de silencios— y me interesa que dilucide por qué elige su propia imagen como motivo de representación en sus obras, le pregunto, inconforme por ignorar cuán (in) apropiado resulta el término, si se trata de una manera de «consolidar» una imagen pública. Ella, hasta entonces bastante cohibida, reacciona:
«No creo que sea esa la intención, pues no me interesa afianzar una imagen pública. Veo el cuerpo como soporte de almas y mediador de las experiencias en las cuales somos partícipes en nuestra cotidianidad.
»La primera serie que comencé a trabajar se tituló “Lugar de origen”, y todas las obras partían de imágenes de mi niñez, mi familia, y mi ciudad natal; de ahí proviene la necesidad de una autorrepresentación. Uso mi imagen corporal porque la tengo disponible en todo momento. Ahora pudiera y de hecho empleo otras».
¿Y hasta dónde se corresponde la imagen que es patrimonio colectivo con la verdadera Mabel Poblet?
«Tal vez en mucho, tal vez en nada... —confiesa, no sin rubor, con un guiño que delata calidez. En las series que he trabajado durante este año soy al mismo tiempo la modelo, la fotógrafa y la maquillista de los individuos que salen a escena. Como ves, en el proceso creativo me siento libre organizando y erigiendo yo misma. Bosquejo los personajes representados utilizando mi cuerpo como instrumento, y entonces le doy el sentido que realmente quiero a las imágenes introducidas, aunque el resultado final pueda no coincidir con la Mabel real».
¿Qué peso comportan los elementos autorreferenciales en las piezas en las que se encuentra enfrascada en la actualidad?
«Casi todo mi trabajo es la historia de mi vida contada en imágenes. A partir de la exposición “Hoy mi voz tiene sonido” es donde comienzo a desprenderme de esa “absoluta” autorreferencia para trabajar en función de la historia de otras personas, que es lo que más me interesa en este momento. Aunque en las imágenes logradas la autorreferencialidad permanece latente, te diría que no de modo específico respecto a mi persona, sino que es inherente a los otros».

LA FUERZA DE LOS SÍMBOLOS
Un momento climático dentro de su joven e intenso currículo artístico lo fue "Hoy mi voz tiene sonido", que formó parte de su tesis de graduación en el ISA y estuvo a disposición del público durante los meses de marzo y abril de este año en la capitalina galería Villa Manuela, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
La serie de igual nombre agrupó obras en las que puede determinarse como núcleo la autorreferencia, pero como ella puntualizaba con anterioridad, más asociada a la realidad concreta de otros individuos, que ha sido una de las particularidades del año que termina.
No puede olvidarse que aquel empeño fue el resultado de ocho años de estudio intensivo, que implicó una transformación de la antigua metodología de trabajo y condujo a un cambio en su proyección individual.
La historia que originó una de las piezas, Ana, es realmente sobrecogedora: «Se trata de un personaje real, una periodista y cineasta cubana enferma de leucemia que

Imagen inferior: Ana (2012). Acrílico, frascos de medicamentos, sangre artificial y agua (244 x 400 cm). Arriba, detalle.

conocí en un hospital de París, donde permanecía ingresada. A pesar de las circunstancias, ella tenía unas ganas enormes de vivir, se sobreponía y seguía luchando por la estabilidad de sus tres hijos pequeños. Le comenté mi intención de dedicarle una obra y ella me envió sin reparos su fotografía. Entonces confeccioné un retrato que se forma con frascos de medicamentos, a partir de la degradación de la sangre artificial que contienen. Ana Laura Bode (1969-2012) falleció en junio pasado, a poco más de un mes de haber concluido mi trabajo».
En nuestro diálogo, por medio de este episodio que narra con pesadumbre, Mabel hace hincapié en su predilección por el rojo, verdadero leitmotiv en su creación: «Creo en las energías y en la fuerza de los símbolos. Si analizas, está irremediablemente asociado a casi todas las cosas, tanto las prohibidas como las vitales. Fíjate cuál es la luz del semáforo que indica detenerse y el tono de ese fluido anunciador de vida y de muerte. En lo personal, cuando no tengo encima alguna prenda de ese color siento que estoy incompleta.
»El cuerpo representado, la sangre y el rojo son elementos esenciales, todos ellos como síntomas de la imposibilidad de comunicar vivencias y sentimientos. El cuerpo es el protagonista de cada una de las prácticas del ser humano, ya sean estas de carácter físico o psicológico. Es por eso que utilizo la sangre y su color. Además de que funciona como elemento de unicidad, la connotación que tiene la sangre al estar vinculada a la purificación, la convierte, simbólicamente, en catalizador de experiencias personales», comenta, en alusión a esta suerte de marca en su travesía profesional.
Quizás el otro gran hito lo constituya el proyecto «Itinerancia Artística», al cual se vinculó desde su puesta en marcha y que como ella admite, ha sido una de las realidades más duras que ha podido asimilar en sus pocos años de vida.
Esta experiencia, a raíz de las visitas a centros penitenciarios del país, desplazó su manera de percibir la realidad circundante:
«En Holguín, en una de las prisiones tuve un gran acercamiento con algunas reclusas. En sus tiempos libres confeccionan unas flores totalmente kitsch —como una manera de distraerse o de burlar la angustia durante el encierro—, lo cual me motivó a realizar una obra en conjunto, que se tituló Simplemente bellas y estuvo expuesta en el Museo del Ron durante la reciente XI Bienal de La Habana.
»Para la creación de esta pieza me resultó vital que las flores fueran construidas a partir de desechos producidos por ellas mismas en sus actividades cotidianas. No es un objeto mímesis de lo natural con impostura de belleza. Su concepción y elaboración responden a una necesidad emancipadora y creativa, que me hizo cuestionar las relaciones que se establecen entre los conceptos del kitsch, el arte popular y el arte.
»La repetición seriada de este motivo floral esboza la imagen de una muchacha abrumada por circunstancias de la vida. El soporte es una estructura con ruedas fijadas a planchas de acrílico transparente, impulsadas por motores eléctricos que posibilitan la constante formación y deformación de la figura. El movimiento deviene representación de la relatividad del kitsch en función del gusto estético de las personas y del gusto en relación con la cultura».

TIPIFICAR EL PRESENTE

Simplemente bellas (2012). Instalación: flores plásticas, paneles de acrílico, ruedas de bicicleta y motores eléctricos (200 x 244 x 20 cm).

Todas las obras de Mabel Poblet parten de un pasado y un presente inmediatos, de una realidad que en ocasiones habita a nuestro alrededor y no somos capaces de asimilar. Aquí se insertan, por ejemplo, las últimas series fotográficas que hiciera para la ya aludida muestra «Hoy mi voz tiene sonido».

También la fantasía y el mito «atraviesan» exponentes más recientes, como los que conforman la serie «Falsa apariencia» —en la que se inserta la obra realizada expresamente para la portada de este número de Opus Habana—, proyecto que tiene como propósito establecer un diálogo de diferentes individuos consigo mismos, en un proceso de purificación de almas, de encuentros de identidades, a partir de imágenes creadas desde la artificialidad de lo aparente.Con obstinada recurrencia, unas veces mediante la fragmentación, otras enlazando o contraponiendo temas, el peculiar universo concebido por esta joven artista apela al rejuego con objetos e imágenes diversos. ¿Cuánto hay de premeditación y cuánto de espontaneidad en dicha construcción semántica?:«Para mí cada obra es una historia independiente. La mayoría de las veces trabajo basándome en una idea determinada, y luego selecciono el medio más adecuado para su realización plena. Prefiero anticiparme en aras de conceptualizar lo que me propongo. Nunca comienzo una obra hasta que no la tengo totalmente “madurada”, al menos a nivel de proyecto. Sobre la marcha puedo elaborar disímiles variantes de una misma representación hasta llegar al resultado final. La forma es laportadora de la idea».Tomando como referente algunas piezas puntuales de este periodo más cercano en el tiempo, la insto a compartir alguna reflexión sobre el lugar que ocupan en su credo ideoestético el espacio simbólico, la historia y la memoria.
«Los recuerdos son uno de los recursos que utiliza el ser humano en el proceso de formación de su identidad, de ahí que la primera serie que comencé a trabajar fuera una especie de vuelta, como un retorno a esos lugares de la infancia cuya permanencia en nuestro subconsciente no depende de si son o no gratos al portador.
»En el aspecto formal, reproduzco imágenes del pasado para construir una secuencia de hechos que tipifican el presente, y que no necesariamente tienen que ser idénticos a la figura seriada.
»Con estos retratos y autorretratos me propuse interrelacionar referentes del pasado perpetuándolos en la hora actual, donde la memoria es la base de datos para la realización de las obras.
«Me interesa la capacidad de la mente para violar las leyes físicas, y la posibilidad multidimensional del tiempo mental, pues como todo objeto, el cerebro humano

Una simple palabra (2012). Técnica mixta (120 x 200 x 50 cm).

también puede trasladarse, difundirse y fragmentarse; es cuestión de imaginación. Es por ello que en la serie “Ábacos” utilizo su estructura formal y la descontextualizo con el objetivo de contar hechos vigentes solo en el recuerdo».
¿Y cómo vincularía estos conceptos con la ciudad de La Habana, que pese a no ser la suya por nacimiento, ha acogido la etapa más significativa de su quehacer?
«Desde pequeña me interesó vincularme a las manifestaciones artísticas que más me agradaban. Es por eso que antes de matricular en la Escuela Provincial de Arte Benny Moré, asistí a un taller de artes plásticas y, como amaba el ballet, paralelamente era miembro de la Compañía de Ballet Infantil de Cienfuegos, con la cual me presenté en el Teatro Terry y en el de La Caridad (Santa Clara), entre otros.
»Hace diez años me atrapó el movimiento cultural de esta urbe, y hoy toda mi vida y mis amistades están aquí. La Habana es mi segundo hogar. Honestamente, sin esa inspiración no hubiera podido realizar las obras que he venido haciendo. Aunque sigo añorando mucho a Cienfuegos, donde nací, el traslado definitivo hacia la capital fue lo que conllevó la consolidación de mi carrera».

SOLILOQUIO DEL CREADOR

¿Quién o quiénes forman parte de ese Olimpo sagrado que toda persona construye a medida que se verifica una toma de conciencia de sus actos?, pienso en voz alta, al contemplar uno de sus más inauditos cuadros.
Respecto al punto de vista profesional, Poblet reconoce varios antecedentes, conceptuales más que formales. Comenta que desde la época de estudiante en San Alejandro le motivó especialmente la obra de Christian Boltanski y Félix González Torres, ya que ambos abordan temas recurrentes en su cosmovisión como la memoria y el recuerdo.
Aunque rehúye articular una respuesta definitiva cuando su interlocutor sugiere otros nombres como posibles figuras de las cuales se sienta deudora, no puede dejar de evocar con vehemencia a Frida Kalho —cuya trayectoria le «fascina»—, quien hizo de la autorreferencia su reino.
Sin embargo, admite que en la actualidad las artistas que constituyen sus paradigmas son la norteamericana Cindy Sherman y la serbia Marina Abramovic. A la primera la considera un referente cercano, sobre todo en relación con la serie «Falsa apariencia», ya que suele «cubrir» sus obras con una especie de disfraz, una máscara, para que aparenten lo que no son. Con Abramovic  se identifica porque «siempre está inmersa en situaciones límites», y le seduce su manera de asumir la práctica performática.

Constelación (2011) —detalle. Varillas de acero y serigrafía sobre acetato transparente (dimensiones variables).

Por otra parte, al evaluar qué le proponen términos como mercado del arte, gusto estético, recepción de la obra, concesión al público, institución cultural..., afines a carreras como la suya, la convido a pulsar los resortes extra-artísticos y ofrecer su visión sobre la trascendencia de malograr una obra, cuando esta se convierte en mercancía:
«Lamentablemente, al salir del estudio toda obra se vuelve un bien comercializable, con lo cual se corre el riesgo de que no mantenga su verdadera esencia como objeto artístico, porque intervienen el gusto estético y el nivel cultural del coleccionista o del teórico del Arte, que es quien emite un criterio de experticidad al respecto.
»Asimismo, las galerías y los museos también constituyen mediadores, tanto respecto a la pieza como en relación con el público, dado que su función principal es legitimar lo mostrado, pero la mayoría de las veces sucede todo lo contrario y entonces puede confundirse la verdadera importancia del acto del creador».

RADIOGRAFÍA DE LA INTENSIDAD

Satisfecha con las técnicas que ha trabajado desde sus inicios —serigrafía sobre acetato transparente, cajas de luces, fotografía e instalación—, Mabel Poblet legitima una visualidad que resulta, a mi juicio, apasionante.
La autonomía se va haciendo cada vez más explícita, y con ello asistimos a la conformación de una poética.
El proceso creativo, tal y como lo asume, parte de que a toda hora piensa en materializar ideas que se le ocurren y que guardan estrecho vínculo con actos que realizamos día a día.
Desde que despierta hasta que se va a dormir está cuestionándose cómo mostrar de manera convincente las inquietudes que la acechan. Más que afición, «resulta un vicio imposible de controlar».
La he visto trabajar, sostener cual si fuera una hormiga las fichas rojizas del puzzle y los pétalos transparentes, para fijarlos a la pieza en ejecución con un celo y una delicadeza francamente maternales, como quien se desprende, vacilante, de una parte de sí.
La superficie lisa que cubre el bastidor es horadada con milimétrica soltura, y las puntillas van delineando cuadraditos uniformes, esos que, al ver la obra fijada a la pared de la galería, sugieren esa imagen fragmentada, tan rica en matices, tan propiciadora de lecturas, porque aquí conmueven tanto la forma como el mensaje.
Por momentos me pareció que sus manos se duplicaban, dada la destreza para encarar un sinnúmero de actividades que ni siquiera es posible aquilatar en su justa dimensión con el fulgor de lo resultante.
Su obra se ciñe a su vida. Más que joven prodigio es laboriosa sempiterna, hasta el hastío… Solo que cuando muestra signos de cansancio o el tedio amenaza con

Las más recientes muestras personales de Mabel Poblet Pujol (Cienfuegos, 1986) fueron: un stand en la Houston Fine Art Fair; «Reunificación familiar», colateral a la XI Bienal de La Habana, en el Complejo Morro-Cabaña, y «Hoy mi voz tiene sonido», en la galería Villa Manuela, todas en 2012. Al año anterior corresponden, entre otras, «De tus ojos la sal» (galería Nuno Sacramento, Portugal) y «Recent Works» (The Cuban Art Space Center for Cuban Studies, Nueva York).

vencer el límite permisible, da unos pasos y se asoma al balcón del apartamento-estudio en busca de aire fresco, para después precipitarse con fuego renovado sobre sus más caros desafíos.
Acercarnos a su «yo» interior puede resultar quimérica empresa, tanto como pretender sintetizar en pocos trazos legibles un periplo vital que constituye una suerte de radiografía de la intensidad.
La irradiación de Artista y Obra define aún más la grieta en el muro; en consecuencia, la llama prevalece tan enigmática como inextinguible en el horizonte.
Habrá que seguir muy de cerca el itinerario cautivante de una huella que se encamina con paso firme hacia la plenitud.

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1 Luis Álvarez Falcón:«La “autorreferencialidad” de la experiencia estética». En Fedro, revista de estética y teoría de las artes, número 9, abril de 2010, p. 33.
2Ibídem.

Mario Cremata Ferrán
Opus Habana