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Todavía me parece que puedo encontrar a Liborio Noval (La Habana, 1934) al doblar una esquina de las estrechas calles de La Habana Vieja o como la última vez que nos vimos en el vestíbulo del Palacio de Lombillo. Siempre que lo evoco me viene a la mente aquel hombre jovial que, ataviado con un juvenil chaleco, junto a sus indispensables instrumentos de trabajo, llevaba entre los labios el omnipresente habano.

Por su desempeño en coberturas periodísticas de mayor jerarquía en el país y en el exterior es que, a propósito de su fallecimiento el 29 de septiembre de 2012, medios de prensa en el mundo lo catalogaron «entre los cronistas de la historia de la Revolución cubana» o «el fotógrafo de Fidel Castro», a quien acompañó en el transcurso de unas cinco décadas en sus giras por varias naciones del mundo.

Todavía me parece que puedo encontrar a Liborio Noval (La Habana, 1934) al doblar una esquina de las estrechas calles de La Habana Vieja o como la última vez que nos vimos en el vestíbulo del Palacio de Lombillo. Siempre que lo evoco me viene a la mente aquel hombre jovial que, ataviado con un juvenil chaleco, junto a sus indispensables instrumentos de trabajo, llevaba entre los labios el omnipresente habano.
Lo había conocido en el diario bregar del acontecer noticioso cubano durante las décadas de los años 80 y 90. En aquel entonces yo era redactora-reportera de la Redacción Nacional en la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina. En el último decenio coincidimos en exposiciones y diferentes eventos que pululan por la parte más antigua de la ciudad.
Iniciado dentro de estas lides en una entidad publicitaria en 1951, a partir de 1959 Liborio integró el equipo de fotorreporteros del periódico Revolución, convertido en octubre de 1965 en el diario Granma, donde trabajó hasta 2002.
Por su desempeño en coberturas periodísticas de mayor jerarquía en el país y en el exterior es que, a propósito de su fallecimiento el 29 de septiembre de 2012, medios de prensa en el mundo lo catalogaron «entre los cronistas de la historia de la Revolución cubana» o «el fotógrafo de Fidel Castro», a quien acompañó en el transcurso de unas cinco décadas en sus giras por varias naciones del mundo.
Corresponsal de guerra en Viet Nam y Nicaragua, recibió más de 30 premios —nacionales e internacionales— y participó en decenas de exposiciones personales y colectivas. Tiene en su haber cuatro libros:
A pesar de… (1975), sobre Viet Nam; Secretos de generales (1996); Instantáneas (1999), que incluye 77 imágenes de Fidel Castro, y Solo detalles (2005) dedicado a la arquitectura habanera, por el cual mereció aquel mismo año el Premio de fotografía de la Asociación
Cubana de Comunicadores Sociales y una Mención Especial en el Premio de la Ciudad. En 2012, post mortem, se presentó el volumen Fidel. Fotografías, de la Editorial Boloña, cuya selección tuvo a su cargo y en el que junto a él participaron otros cuatro fotógrafos.
El mundo conoció de su obra gracias a exhibiciones conjuntas en Francia, Estados Unidos, Finlandia,
Colombia, Malasia, España, Italia, Siria, Australia... De singular importancia resultó en 2006 «Che por los fotógrafos de la Revolución Cubana», en Altagracia y La Plata, Argentina.
Liborio nació en La Habana Vieja –según precisó él mismo, en una casa y no en un hospital– y en sus últimos años a ella volvió. Fue aquí donde se inspiró para conformar sus muestras sobre temas artísticos –y no como hasta entonces acerca de asuntos políticos– incluido el paisaje urbano para «decir todas las cosas que veo y puedo hacer».1
Resultó de hecho, el sitio que más frecuentó a partir de 2002, después de dejar la labor fotorreporteril, pues según declaró: «Soy demasiado intranquilo para quedarme cruzado de brazos».2 En 2003, en la Casa Simón Bolívar presentó de manera personal: «Retratar lo cubano»; en el Hostal Conde de Villanueva, «Desde mi cámara» y en este mismo espacio en 2004, «Solo detalles» así como en 2010, «Tres maneras de mirar al mundo» junto a sus colegas Roberto Salas y Julio Larramendi.
Incluyeron piezas suyas las exposiciones colectivas: «II Festival Imagen de la Naturaleza», Museo Nacional de Historia Natural (2003); «Luces y Sombras», San Francisco de Asís; «De La Habana, lo bello», Casa Simón Bolívar; «A todo Jazz», Hostal Conde de Villanueva, (2004); «Sobre la Naturaleza», Casa Simón Bolívar (2005), y «Momentos», en la Fototeca de Cuba, que, a propósito del 80 cumpleaños de Fidel Castro, con carácter itinerante recorrió el país.
Unos días después del deceso de Liborio, más de 40 fotógrafos de tres generaciones aunaron sus obras —recreadas y testimoniales— sobre Ernesto Guevara en la muestra «Eternamente Che», en el Hostal Conde de Villanueva, galería que tantas veces lo acogiera.
Devenida homenaje póstumo, esta fue la última a la que tributó en vida una de sus conocidas imágenes del también llamado «Guerrillero heroico».
© LARRAMENDI