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 En esta entrega, la última de sus acotaciones sobre aspectos de la vida y destinos de Cristóbal Colón, se detiene en que «En 1922 el ingeniero Luis Morales y Pedroso y la Sociedad Geográfica de Cuba señalaron a Gibara como el lugar de Cuba en que Colón desembarcó primeramente».

En 1922 la Sociedad Geográfica de Cuba designó una comisión especial, compuesta de los señores Alberto de Carricarte, José Carlos Millas, Juan M. Lagomasino, José I. del Corral, Enrique J. Montoulieu, Francisco J. Dumois y Miguel Villa, para conocer del estudio del ingeniero Luis Morales y Pedroso —fallecido este pasado mes de septiembre—Lugar donde Colón desembarcó por primera vez en Cuba.

Nos piden varios lectores que demos a conocer en estas Acotaciones Colombinas los detalles más importantes que ofrecen los principales investigadores y tratadistas sobre el lugar de desembarco de Colón en Cuba, ya que en la II de nuestras Acotaciones nos limitamos a citar los nombres de los estudiosos que se habían pronunciado por los que hasta ahora figuraban como lugares en disputa del referido desembarco.
Vamos a complacer a esos peticionarios, pero limitándonos a recoger aquellas opiniones que han sido emitidas en concursos celebrados expresamente a ese fin y probadas o respaldadas, total o parcialmente, por los jurados que al efecto fueron nombrados para dilucidar tan importante y debatida cuestión.
En 1922 la Sociedad Geográfica de Cuba designó una comisión especial, compuesta de los señores Alberto de Carricarte, José Carlos Millas, Juan M. Lagomasino, José I. del Corral, Enrique J. Montoulieu, Francisco J. Dumois y Miguel Villa, para conocer del estudio del ingeniero Luis Morales y Pedroso —fallecido este pasado mes de septiembre—Lugar donde Colón desembarcó por primera vez en Cuba, y que vio la luz en 1923, con el informe favorable de la referida comisión.
Morales y Pedroso se pronuncia en favor de Gibara.
Comienza por declarar que considera indispensable establecer qué tierra del Nuevo Mundo fue la que primero avistó Colon, pues solo así puede conocerse con exactitud su
recorrido hasta llegar a Cuba y determinar el lugar de nuestra isla que primeramente avista y donde desembarca.
En la imposibilidad de seguir aquí paso a paso todo el largo razonamiento de Morales y Pedroso, bástenos decir que él señala que la isla de Guanahaní, a que Colón se refiere como la primera de América por él «descubierta», no es otra que la isla de Watling, del grupo de las Bahamas, a la que denominó San Salvador.
Establecida esta base, pasa a determinar el que juzga lugar de desembarco de Colón en Cuba: Gibara.
Las fuentes de información de que se vale Morales y Pedroso para fundamentar estas dos tesis, que se armonizan y completan, son las siguientes:
Primera: El Diario de viaje de Cristóbal Colón, transcrito por Fernández de Navarrete.
Segunda: El mapa de las islas descubiertas por Colón, original del piloto y cartógrafo Juan de la Cosa, compañero de Colón en su segundo viaje; mapa trazado seguramente bajo la dirección del Almirante, en 1500, y presentado a la reina Isabel, en Segovia, en 1503, siendo por consiguiente el primer mapa de América.
Tercera: La Historia de las Indias, de fray Bartolomé de las Casas, que vino con Colón en su segundo viaje.
Cuarta: Las narraciones del físico doctor Chanca, que también acompañó a Colón en ese segundo viaje, y sólo transcribe lo que con Colón vio y le oyó decir.
Quinta: Los más modernos y correctos mapas de los mares en que navegó Colón por estas latitudes, y principalmente los de la Oficina Hidrográfica de la Marina de los Estados Unidos, de febrero de 1922.
Sexta: Para los nombres y accidentes topográficos e hidrográficos, el gran mapa de Pichardo, que Morales Pedroso considera el único aceptable para investigaciones de esta clase, y muy superior a todos cuantos —copiándolo— se han hecho después, y aun a «los posteriores mapas levantados a la ligera por el Ejército americano… muy inferiores al de Pichardo».
No podemos tampoco dejar de mencionar, porque es fundamental en el trabajo de Morales Fedroso, la parte en que analiza y estudia los rumbos y distancias de1 recorrido de Colón por las Lucayas y costas de Cuba, determinando las medidas exactas de las leguas marítimas y terrestres que usó Colón, así como de las que él llama «grandes leguas». Porque «las distancias que da Colón en su Diario son la clave de su viaje y también la clave de las discrepancias de todos los eruditos que han tratado de interpretar su derrotero». Destruye así Morales y Pedroso la afirmación, hecha por algunos geógrafos e historiadores, de que Colón era un mal observador que frecuentemente se equivocaba, y que las distancias señaladas por el almirante son erróneas, afirmando, por el contrario, que «la experiencia enseña que Colón es una verdadera Biblia de aquellos tiempos, que fue el mejor observador
que en muchos años vino a la América, y que no está equivocado en su apreciación de las distancias, sino que el error es de la erudición posterior que ha tenido que padecer».
Según el razonamiento de Morales v Pedroso, de Guanahaní, o San Salvador, o sea la isla de Watling, va Colón a la isla de Santa María de la Concepción (Rum Cuy); de allí sigue a lo largo de la Isla Fernandina (Long Island), y de esta a la Isabela (Crooked Island), donde desembarcó, permaneciendo en ella del 18 al 23 de octubre, consagrado a la cacería y a la pesca. En esta isla tuvo Colón noticia de la existencia, al sur, de una gran isla con muchas riquezas, y partió hacia ella, navegando hacia el oeste, hasta que llego a un banco de arena, que le cerraba el paso, y al que denominó Islas de Arena. Navegando al sur, ancló en el más meridional de dichos bancos, que se ha nombrado Banco de Colón. En la madrugada del 27 de octubre salió con rumbo S. S. O.,1 y, según ya expusimos, al anochecer de dicho día divisó las costas de Cuba, desembarcando en la mañana del día siguiente, 28, en un puerto de nuestra isla.
¿Cuál fué este puerto?
Para contestarse esa pregunta Morales y Pedroso sigue estudiando el Diario de Colón:
Domingo 28 de octubre: «Fue de allí en demanda de la isla de Cuba al sursudoeste, a la tierra de ella más cercana, y entró en un río muy hermoso y muy sin peligro de bajos ni otros inconvenientes, y toda la costa que anduvo por allí era muy hondo y muy limpio fasta tierra; tenía la boca del río doce brazas y es bien ancho para barloventear; surgió dentro diz que a tiro de lombarda. Dice el Almirante que nunca tan hermosa cosa vido, lleno de árboles todo cercado el río, fermosos y verdes y diversos de los nuestros con flores y con sus frutos, cada uno de su manera. Aves muchas y pajaritos que cantaban muy dulcemente: había gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de las nuestras; de una estatura mediana y los pies sin aquella camisa, y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra muy liana… La yerba era grande y como en Andalucía por abril y mayo. Halló verdolagas muchas y bledo. Tornóse a la barca y anduvo por el río arriba un buen rato, y diz que era gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves que no podía dejallas para se volver. Dice que es aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto, llena de muy buenos puertos y ríos hondos, y la mar que parecía que nunca se debía de alzar porque la yerba de la playa llegaba cuasi el agua, la cual no suele llegar donde la mar es brava… la isla es llena de montañas muy hermosas, aunque no son muy grandes en longura salvo altas, y toda la otra tierra es alta de la manera de Sicilia».
A este río y puerto le llamó de San Salvador. Debe advertirse que el almirante denomina ríos a los puertos, como prueban los detalles que sobre ellos da en su Diario.
Del puerto de San Salvador dice Colon «que tiene sus montañas hermosas y altas como la peña de los enamorados (Granada) y una dellas tiene encima otro montecillo a manera de una hermosa mezquita».
Para Morales y Pedroso, estas descripciones coinciden exactamente con, el puerto de Gibara y sus alrededores y excluyen, en cambio, toda la costa al oeste de la Punta de Maternillo; por su ancho o profundidad solamente Gibara satisface por completo las condiciones del puerto, o río, a que Colón se refiere; de los lugares cercanos, únicamente Bariay se aproxima en algo a esa descripción; las palmas eran palmas canas, manacas o yarey, y «la punta baja occidental del puerto de Gibara, en que está el pueblo, se llama Punta del Yarey»; las tierras alrededor de Gibara y hacia Holguín también responden a la descripción que hace el Almirante; y la montaña con otro montecillo encima es la Silla de Gibara.
Por tanto, para Morales y Pedroso, es Gibara, San Salvador o Río del Sol, el primer lugar de Cuba avistado o «descubierto» por Colón el 27 de octubre de 1492 y donde desembarcó al día siguiente.
Siguiendo el Diario de Colón en su recorrido desde que abandona a Gibara y navega, primero al oeste, hasta Punta de Muerto, y luego hacia el este, pasando de nuevo frente a Gibara, Morales y Pedroso identifica todas las descripciones y distancias: Río de la Luna, con la Ensenada de Hicacos; Río de Mares, con Puerto Padre, en cuya Punta del Careneró limpió los fondos de sus naves calafateándolas, probablemente con chapapote del Arroyo de Brea —y envió a explorar e1 interior del país a Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, partiendo luego, el 12 de noviembre, hacia el este, a lo largo de la costa, hasta llegar a Baracoa, el día 27, atravesando después el Paso de los Vientos, rumbo a Santo Domingo, según el señor Morales y Pedroso de acuerdo con las descripciones y distancia del Diario de Colón.
En las próximas Acotaciones daremos a conocer los detalles sobre el concurso de 1926, así como del trabaja de los señores Van der Gucht y Parajón, y del viaje de estudio y comprobación realizado por el profesor de Historia de América de la Universidad de Harvard, Mr. Samuel Eliot Morison, en 1940.

Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964

 1Se refiere al rumbo Sursuroeste (Redacción Opus Habana)