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 Comentarios sobre la ceremonia nupcial que «de sagrada institución que era antaño, está hoy convertido en un espectáculo de feria capaz de despertar la curiosidad y el interés de las gentes por los incidentes humorísticos o ridículos que ofrece».

A las puertas de la iglesia, se agolpan hombres, mujeres y niños del pueblo durante la celebración de las bodas del gran mundo con la misma función con que podrían acudir al cine o al teatro.

 En qué lamentable estado de bancarrota se encuentra ya el matrimonio que es hoy utilizado como atractivo, gancho o fenómeno en los anuncios y propagandas comerciales!
De sagrada institución que era antaño, está hoy convertido en un espectáculo de feria capaz de despertar la curiosidad y el interés de las gentes por los incidentes humorísticos o ridículos que ofrece. Y tan ello es así, que una empresa cinematográfica habanera acaba de regalar a su público una boda auténtica, puesta en escena, previo concurso al efecto celebrado, como complemento y atracción de una película intitulada «Su noche de bodas».
Y el público colmó el teatro más que por ver la cinta, por presenciar la boda; transplantada de su acostumbrado escenario de la iglesia, la notaría o el juzgado, a las tablas, descubrió a los espectadores todo cuanto de ridículo y de grotesco tiene la farsa matrimonial; no por haber sido representada esta vez en un teatro, sino porque al teatro fue el público con la preconcebida intención de divertirse con la ceremonia nupcial, y ese estado de ánimo resultó propicio para que aquellos de más torpe o menos cultivado espíritu de observación, se transformaran en vigilantes y acuciosos observadores, captando, como hasta entonces no habían sabido hacerlo, lo ridículo y grotesco de la sagrada institución matrimonial.
Escenificable y escenificada ya, no será necesario de aquí en adelante que salga de su habitual escenario –juzgado, notaría y principalmente iglesia– para que el público encuentre en la ceremonia nupcial dosis abundante de elementos grotescos y ridículos para poseer la categoría de regocijado espectáculo.
Ya la tenía antes de ahora para todos aquellos de agudo espíritu observador; principalmente entre las clases populares. A las puertas de la iglesia, se agolpan hombres, mujeres y niños del pueblo durante la celebración de las bodas del gran mundo con la misma función con que podrían acudir al cine o al teatro. Y en los comentarios que se hacen sobre los novios, padrinos, familiares, invitados; sobre la ceremonia; sobre lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir… aparece claramente demostrado que esos curiosos espectadores han sabido siempre tomar la boda como lo que en realidad es en cualquier escenario donde se represente: un interesante y movido espectáculo, pletórico de grotescos incidentes, de figuras y escenas ridículas, y de un fondo de sicalipsis y pornografía como no la poseen muchas de las obras que se ponen en teatros para hombres solos.
No de modo distinto a los elementos del pueblo que como curiosos asisten a las bodas, forman también la ceremonia nupcial los invitados, amigos o conocidos de los novios. Y me sería imposible, a trueque de ser declarado escritor inmoral y obsceno, reproducir en estas páginas los comentarios y chistes que caballeros y damas hacen en todas las bodas elegantes o de gran mundo, a costa de los novios, del cura, de los padres, padrinos y hasta de los demás asistentes.
Por todo lo que tiene de falso, de hipócrita, de convencional, de artificioso; por el cambio extraordinario y el radicalismo que han sufrido las costumbres sociales y familiares; por las nuevas normas que hoy rigen la vida de la mujer; por la independencia económica cada vez mayor que ésta goza; por la nueva moral sexual que hoy rige al mundo occidental... por todas estas múltiples y complicadas causas, el matrimonio ha perdido por completo todo el prestigio, respeto, fuerza y valor que antaño poseía, y se encuentra en completa bancarrota, amenazado de segura muerte, siendo inútiles cuantos esfuerzos se hacen por evitar su desaparición, ya mediante el divorcio, los matrimonios de prueba, condicionales, temporales, etc.
La ruina del matrimonio moderno como institución social y religiosa es evidente e inevitable. Está hoy sostenido todavía por los últimos restos de viejos prejuicios y costumbres y más que todo por su ceremonioso aparato. Entre nuestras clases «elegantes» la ceremonia religiosa se practica todavía como «cosa distinguida», pero no por arraigadas convicciones; y en la clase media se exige la boda civil por la errónea creencia femenina de que así se «amarra más» al hombre.
¿Cuándo desaparecerá por completo el matrimonio? Cuando la mujer logre totalmente su independencia económica y su absoluta igualdad social, política y civil con el hombre. Por eso, ya en Rusia, alcanzada esa independencia e igualdad, el matrimonio ha sido sustituido por las uniones libres –que no es el «amor libre» burgués– o está reducido a una simple anotación realizada antes o después de haberse unido el hombre a la mujer.
Mientras tanto, ya en completa bancarrota, el matrimonio, está llamado a ir sumiéndose cada vez más en el ridículo; la ceremonia nupcial convertida ya en espectáculo grotesco y risible, irá perdiendo de día en día su publicidad a fin de evitar la burla del público asistente a la farsa.
Y comerciantes e industriales utilizarán la sagrada institución como atractivo o gancho para hacer el reclamo de su negocio. Y tendrán que pagar a los novios para que consientan en casarse; y aún pagando, puede que dentro de poco no se encuentren quienes se presten a hacer el ridículo de casarse. Y hasta ha de llegar el día en que los pocos que aún se casen lo hagan secretamente para evitar ser sorprendidos por los rascabucheadores de las bodas, que entonces han de existir… reducida la ceremonia nupcial a acontecimiento sensacional por lo raro y desusado…
Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964.