Imprimir
Visto: 2671

Una escultura del filósofo chino Confucio, uno de los más influyentes pensadores de la filosofía asiática, ha sido emplazada en el parque Shangái, del Barrio Chino habanero.

La estatua de Confucio fue donada a Cuba por Tong Yun Kai, presidente de la Academia Mundial que lleva el nombre del sabio, «como símbolo de benevolencia, justicia, inteligencia y fidelidad».

Las culturas cubana y china se encuentran estrechamente relacionadas desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando arribaron a Cuba los primeros culíes contratados como mano de obra en diversas producciones, en su mayoría agrícolas.
Finalizado el mecanismo de contratación en la Isla, el arribo de inmigrantes chinos continuó, moti¬vado por diversas causas y a través de diferentes vías. Pero en cualquier época o circunstancia, junto a la añoranza por su tierra amada y el deseo de volver a ella alguna vez, trajeron consigo todo un caudal de costumbres y tradiciones, que ya forma parte de la cultura cubana.
La creación del Barrio Chino de La Habana respondió precisamente a la necesidad de esos grupos poblacionales de protegerse ante un medio que les resultaba hostil, excluyente y marginador, y, a la vez, conservar las tradiciones y valores propios de su idiosincrasia en el contexto ultramarino. Ejemplo de esto último son la celebración del Año Lunar, la creación de la Escuela Cubana de Wushu y la estatua de Confucio, emplazada el 22 de noviembre en el parque Shangái.
La pieza fue donada a Cuba por Tong Yun Kai, presidente de la Academia Mundial que lleva el nombre del sabio, «como símbolo de benevolencia, justicia, inteligencia y fidelidad». Esos preceptos marcaron la vida y el pensamiento de Confucio, quien nació en el año 511 (a.n.e), en el pueblo de Qufu, antiguo país de Lu, en la actual provincia de Shandong. Antes de de¬dicarse a la enseñanza, trabajó para la administración del Estado de Lu, donde llegó a alcanzar el rango de ministro de Justicia.
Al cumplir 50 años de edad decidió que consagraría el resto de su vida a transmitir los conocimientos que había acumulado a aquellos discípulos que quisieran seguir su doctrina, por lo cual comenzó un largo viaje que lo llevaría a recorrer todo el país.
Su fama como hombre de saber y carácter, además de defensor de las costumbres tradicionales, influyó positivamente, primero en el principado de Lu, y posteriormente en toda China. Sus ideas comenzaron a ser tenidas en cuenta por los emperadores a partir de la dinastía Han (206 a.n.e.-220 n.e.), como base sobre la cual ejercer su poder y organizar la sociedad. Desde esa época es considerado uno de los maestros de la sabiduría china.
Quizás su obra más difundida sea Las Analectas, que recoge las máximas y sentencias, pronunciadas durante la trasmisión de sus conocimientos, y reco¬piladas posteriormente por varios discípulos. Aunque este volumen es considerado como «la biblia confuciana», los principales estudiosos del sabio, entre ellos Lin Yutang, recomiendan que, debido a que esos aforismos están desordenados y a menudo no se cita la circunstancia en que dichos comentarios tuvieron lugar, hay que tener cuidado con no intentar traducirlos forzadamente en un contexto erróneo ya que, de esta forma, perderían su vitalidad y espontaneidad original.
Las Analectas es uno de los Cuatro libros, que reúnen las interpretaciones que del pensamiento de Confucio realizaron sus discípulos. Mientras que los Cinco clásicos están integrados por el conjunto de conocimientos históricos redactados, enseñados y transmitidos directamente por el sabio. En ellos Confucio profundiza sobre diversos temas, agrupa¬dos en el Libro de canciones (Shiking), el Libro de la Historia (Shuking) -considerado el más antiguo de los documentos chinos-, el Libro de los Cambios (Yiking), Primavera y Otoño (Ch'unch'iu) y el Libro de los Ritos (Liki).
El método empleado por Confucio en Las Analectas, basado en el estudio de diversas áreas del conocimiento humano desde una perspectiva global -sin diferencias entre política, filosofía, ética o arte-, es uno de los principales rasgos que definen su pensamiento.
El eje central de su filosofía es el vínculo entre el cultivo de la vida personal y el orden mundial, relación que va a estar presente tanto en sus reflexiones sobre la armonía espiritual que deben alcanzar todas las personas, como en sus precisiones sobre las cualidades que necesita poseer todo buen Estado. Sobre estas últimas, destaca como atributo principal el orden moral, que se logra cuando el gobernante es consecuente con sus creencias y valores, y con ellos influye positivamente en su pueblo.
La necesidad de preservar los valores tradicionales, y que las personas e instituciones busquen en sus raíces la esencia del progreso, así como el amor al estudio como único camino para alcanzar la sabidu¬ría, integran también los presupuestos filosóficos de Confucio que más permearon la sociedad china. Hoy forman parte de la idiosincrasia de esa nación, que tiene como atributos universalmente reconocidos: la inteligencia, la persistencia, la paciencia, la discreción y cohesión comunitaria, entre otros.
Cuba no está ajena al influjo de la cultura china, y al pensamiento confuciano en particular. En 2009 se crea el Instituto Confucio, adscripto a la Universidad de La Habana, para el estudio de la lengua, la cultura y las tradiciones chinas. Patrocinado por la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing, esa institución académica forma parte de los 288 institutos de su tipo, establecidos en 82 países, creados para difundir el pensamiento confuciano, y con él la filosofía china.
A este propósito se une la estatua consagrada a Confucio, la cual motivará a más de un visitante a indagar sobre la vida de este sabio, quien, desde su pedestal, predica por siempre en La Habana su mensaje de paz y amor.

Redacción Opus Habana

Imagen izquierda: La estatua de Confucio fue develada por Tong Yun Kai, presidente de la Academia Mundial que lleva el nombre del sabio (al centro); Zhang Tuo, embajador de la República Popular China en Cuba, y Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana. Imagen derecha: La estatua de Confucio está situada en el parque Shangái, en la calle Zanja entre Campanario y Manrique.