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 Elegido como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes –quien ocupa el asiento con la letra U– leyó en el Instituto de Literatura y Lingüística su discurso de ingreso.
En su discurso de ingreso a la Academia, Monseñor abordó el tránsito dialéctico de la postura sociopolítica del Padre Varela con respecto a España: desde un inicial autonomismo «coherente» a un inevitable independentismo radical.

 Elegido como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, monseñor Carlos Manuel de Céspedes leyó el viernes 23 de septiembre, en el Instituto de Literatura y Lingüística, su discurso de ingreso: un ensayo que, bajo el título de «El Padre Félix Varela y España», complementa Pasión por Cuba y por la Iglesia, su aproximación biográfica a esa figura descollante en los orígenes de la nacionalidad cubana.
Antecedida por las palabras de Lisandro Otero, presidente actual de la Academia, y el discurso de elogio de Eusebio Leal Spengler, también uno de sus miembros de número, la intervención del sacerdote –quien pasó a ocupar el asiento con la letra U– estuvo dedicada a reflejar el tránsito de la postura sociopolítica del Padre Varela con respecto a España: «desde un autonomismo coherente a un inevitable independentismo radical».
De acuerdo con monseñor Céspedes, el Padre Varela sostuvo el criterio de la necesidad de la independencia de Cuba, pero al mismo tiempo mantuvo «una vinculación íntima, existencial, cordial, con aquella España que no puede ser reducida a un régimen específico o a una situación coyuntural».
En su radicalización independentista –explicó– hubo de influir su experiencia como diputado en las Cortes de España (1821-1823), a las cuales Varela se incorporó en octubre de 1822, luego de haberse desempeñado –desde enero del año anterior– como titular de la Cátedra de Constitución en el Seminario de San Carlos de La Habana, todo ello a petición del Obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa.
El conferenciante analizó la participación del Padre Varela en los debates dentro de las Cortes, específicamente sobre el Proyecto de Ultramar (prácticamente un borrador de Constitución para Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimas posesiones españolas) y el Dictamen sobre el reconocimiento de los territorios de Iberoamérica.
Este último permite pensar –según monseñor Céspedes– que el presbítero y filósofo cubano tenía en mente la creación de una comunidad de naciones iberoamericanas vinculadas entre sí y con España no sólo por la historia pasada, sino por la lengua, la cultura y los proyectos de futuro –económicos y políticos– orientados al desarrollo integral de cada una de esas naciones y a fortalecer su unión.
Lamentablemente, las cuatro quintas partes de las Cortes impugnaron ese Dictamen, «una especie de Commonwealth of Nations», mucho más de un siglo antes de que los ingleses lo crearan en relación con su antiguo imperio», explicó Céspedes, quien considera que la aplicación de tal iniciativa hubiera logrado que la suerte de España e Iberoamérica hubiese sido muy distinta durante los siglos XIX y XX.
Aun más adversa fue la situación del Padre Varela en lo relativo a su propuesta de abolir la esclavitud, pues ni siquiera pudo presentarla debido a la disolución de las Cortes de Cádiz y a la restauración del absolutismo por Fernando VII, quien por Real Decreto del 1 de octubre de 1823 declara nulos y sin ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional.
A la vez, ordena la confiscación de bienes y la aplicación de prisión e inmediata pena de muerte por traición a los diputados que votaron en su contra en la sesión del 11 de junio de ese año.
Junto a los otros diputados cubanos, el Padre Varela huye hacia Estados Unidos, y, desde allí, propugnará la independencia política de la Isla con respecto a España, aun cuando considere que no había llegado el momento para ello.«El Padre Varela había salido de Cuba hacia Madrid con ideas autonomistas (al menos, no consta otra cosa con evidencia), pero la triste experiencia de las Cortes, de las contradicciones en las que se movían incluso los liberales españoles con respecto a las repúblicas americanas y la restauración del absolutismo, le habían moralmente obligado a cambiar su opinión y desde el primer número de El Habanero se nos revela ya como independentista convencido».
El tema escogido para disertar ante la Academia de la Lengua responde a la intensa reflexión que se desarrolla desde hace unos años en torno a los orígenes de la nacionalidad cubana, y que toma el siglo XIX como definitorio de la misma y de su «teleología discutida», al decir del propio Carlos Manuel de Céspedes en Pasión por Cuba y por la Iglesia.
A ello se suma el interés que suscitó la causa de beatificación y canonización del Padre Félix Varela y Morales, presentada en la Santa Sede por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.
En lo adelante, se intensificaron los estudios varelianos, que tienen sus precedentes en la biografía Félix Varela (1878) de José Ignacio Rodríguez, e incluye obras recientes como la ya mencionada de monseñor Céspedes, y Félix Varela: los orígenes de la ciencia y con-ciencia cubanas (1995), del historiador Eduardo Torres Cuevas.
«Todo eso que está en Varela, en el Obispo Espada, en la mejor tradición de lo que podríamos llamar la raíz misma de la nación y de la iglesia cubana, está hoy en el sacerdote que ingresa por mérito propio en nuestra Academia», afirmó Eusebio Leal.
Al acto también asistieron Caridad Diego, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, y el Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega, entre otras personalidades.