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Doctorada en musicología por la Universidad de Valladolid, la investigadora Miriam Escudero recibió hoy el Premio Nacional de Investigación 2010 de la Academia de Ciencias de Cuba, en la categoría de Ciencias Sociales y Humanísticas por su estudio «Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba (1764-1803). Colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII».

«La música es una de las mayores riquezas patrimoniales de nuestro país. Es un vehículo de identidad nacional, sin cuyo conocimiento desde la perspectiva de su esencia patrimonial no podría adquirirse una comprensión integral de la cultura cubana».

La Dra. Miriam Escudero ha sido merecedora del Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba al resultado de la investigación científica en el año 2010, en la categoría de Ciencias Sociales y Humanísticas, por su estudio «Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba (1764-1803). Colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII».

Al reflexionar en esta entrevista sobre los nuevos derroteros de la musicología en Cuba, asevera: «La música es una de las mayores riquezas patrimoniales de nuestro país. Es un vehículo de identidad nacional, sin cuyo conocimiento desde la perspectiva de su esencia patrimonial no podría adquirirse una comprensión integral de la cultura cubana».

¿Miriam qué representa para ti haber sido distinguida con el Premio Nacional de Investigación 2010 de la Academia de Ciencias de Cuba, en la categoría de Ciencias Sociales y Humanísticas?

Teniendo en cuenta que el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba es el máximo galardón que se concede en nuestro país a un resultado de investigación, para mí obtenerlo es muy importante, sobre todo tratándose de una categoría tan amplia, en la que concurren trabajos de disímiles temas y alcances. Si esa instancia, que es la de mayor rigor científico, ha refrendado mi estudio sobre la creación musical de Esteban Salas como un conocimiento  novedoso y útil, significa que ha valido la pena dedicarle una década de intensa labor. En ese sentido, me complace que la musicología haya sido premiada, pues estoy plenamente convencida de su importancia para percibir los procesos culturales, máxime en un país como el nuestro, cuya identidad cultural se expresa principalmente a través de su música.

Arriba y foto a la izquierda: Miriam Escudero en el acto de entrega del Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, celebrado hoy viernes, 15 de julio.
A la derecha:
Durante una visita al Museo Nacional de la Música con alumnos del Diplomado en Patrimonio Musical Hispano, Miriam explica las características de un valioso cantoral del Convento de San Francisco de Asís, datado en 1756.

Tengo entendido que cuando matriculaste musicología en el Instituto Superior de Arte lo hiciste pensando en especializarte para ser una mejor maestra. ¿A qué se debió entonces el que te convirtieses en acuciosa investigadora dedicada al rescate del patrimonio musical religioso cubano del siglo XVIII?

Entonces me asustaba la responsabilidad de emitir criterios conclusivos sobre un tema, y aún hoy me sigue causando pavor. Cuando inicié mis estudios solamente pretendía superarme hasta convertirme en una maestra-musicóloga con herramientas suficientes para estudiar todas las aristas de un problema, con el compromiso de transmitir a mis alumnos las posibles soluciones. Pero se produjo un giro importante en mi vida cuando conocí a mi maestra, la Dra. Victoria Elí. En sus clases de música cubana e historiografía, ella nos enseñó la importancia de las investigaciones científicas como método para la formulación de nuevas tesis. Por otra parte, había recibido de mis padres una esmerada educación religiosa. Estuve involucrada desde muy pequeña en las funciones de la música en el ámbito cristiano; específicamente en el de la Iglesia Bautista. Mi mamá era la directora musical de todas las iglesias bautistas de Cuba Occidental; es decir, desde Pinar del Río hasta Sancti Spíritus. Ella dirigía la organización musical de mi iglesia local y, a nivel macro, orientaba las actividades musicales de las iglesias de esa región. Por estas razones, como trabajo final de historiografía, decidí presentar a mi maestra un proyecto para estudiar el comportamiento de la creación musical durante el siglo XX en iglesias cristianas que eran mayoritarias en el país: la Iglesia Católica, y las iglesias evangélicas (Bautista, Metodista, Presbiteriana y Adventista).

Pero la Dra. Elí había asistido a un importante congreso donde se puso en solfa el tema de la creación musical en Cuba durante el período colonial; así que me pidió que modificara mi tema y me recomendó la tarea de encontrar obras musicales religiosas escritas antes del siglo XX. Accedí, y a partir de entonces ella fue mi tutora.

El inicio fue con el ordenamiento y examen de antiguas partituras halladas en la iglesia habanera de La Merced, trabajo que te valió el Premio de Musicología Casa de las Américas en 1997… ¿Qué te motivó a estudiar, rescatar y divulgar la obra de Esteban Salas? ¿Coincides con Alejo Carpentier en considerarlo como «el verdadero punto de partida de la práctica de la música seria en Cuba»?

El hallazgo de La Merced fue decisivo para iniciarme en la especialización que se requiere para desentrañar los códigos de la música religiosa cristiana y, especialmente, del repertorio litúrgico. Fue una suerte que mi primera experiencia con un fondo de partituras haya sido precisamente el de La Merced, y en este momento dedico un recuerdo entrañable para el padre Raúl Núñez, quien con especial interés me facilitó el acceso. Se trata de uno de los fondos más importantes que se conservan en el país, tanto por el valor patrimonial de las obras como por su variedad, pues son representativas de todo tipo de usos litúrgicos. Fue entonces que recibí el respaldo del Premio Casa de las Américas, que convirtió el resultado de investigación en un libro. Al año siguiente, en 1998, inicié una relación profesional con la Universidad de Valladolid en la persona de la Dra. María Antonia Virgili, la que fomentó, con la aprobación del Dr. Eusebio Leal, la firma de un convenio entre esa universidad y la Oficina del Historiador en 1999. Decidimos que la primera tarea que debía ser acometida era la publicación de la obra completa de Esteban Salas, del que sólo se habían editado 13 piezas sueltas. El azar colocó su obra en una coyuntura histórica de privilegio, pues su repertorio es el más antiguo del que se conservan manuscritos en Cuba (aunque sabemos que esos manuscritos no fueron los primeros que se escribieron). Pero, al margen del azar concurrente, su obra es de tan magnífica factura que coincido con Carpentier en considerarla como punto de partida de la práctica de la también llamada música académica en Cuba.

¿Cuál o cuáles fueron las tesis fundamentales que rigieron esa investigación de 10 años contenida en la colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII?

Un archivo de música puede ser estudiado desde diversos ángulos, pues todo depende del origen y función de las fuentes primarias que lo integran; ellas determinan el derrotero de la investigación. Lo primero, sin lugar a dudas, es la catalogación, para la cual empleo la exhaustiva ficha del Repertoire International des Sources Musicales, RISM, con el objetivo de anotar todos los detalles posibles. Luego se estudia la música, que en el caso de Salas fue imprescindible transcribirla para poder identificar e interpretar aquellas obras más representativas de sus diferentes repertorios. Sólo entonces fue posible adentrarse en profundidad en el estudio contextualizado del proceso de creación musical que ese maestro de capilla ejerció por casi 40 años en la Catedral de Santiago de Cuba. Y quiero expresar mi agradecimiento a las autoridades religiosas de Santiago de Cuba y en especial al padre Jorge Catasús, importante gestor de la cultura religiosa cubana.

Para mí la mayor dificultad ha sido tener que aprender e investigar de manera simultánea. Cada vez que enfrentaba un nuevo repertorio era un reto. Mi educación religiosa fue excelente en cuanto al conocimiento de Sagrada Escritura, pero no tuve ningún contacto con la liturgia católica. Por ejemplo, el libro dedicado al Oficio de Semana Santa fue especialmente difícil para mí. Sólo conocía la historia bíblica y el énfasis celebrativo que se daba en mi iglesia a las festividades del Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección, pero ignoraba esa otra visión centrada en sufrir la pasión junto con Cristo. ¿Cómo comprender entonces el significado de obras de contenido tan dramático como las lamentaciones? Para aprender tuve que asistir a todos y cada uno de los oficios de Semana Santa en la ciudad de Valladolid, España, donde la tradición ha conservado características similares, en algunos aspectos, al tiempo histórico del repertorio estudiado. La gravedad de las procesiones con imágenes impresionantes, la gestualidad de las velas que se apagan en el oficio de tinieblas o el cirio que esparce luz en la vigilia pascual fueron imágenes elocuentes para entender el pensamiento de un músico-sacerdote como Esteban Salas.

En el primer tomo de la colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII, planteas que la misma responde a «la necesidad urgente de consulta de la música de Salas y Pagueras, desde el punto de vista histórico, analítico e interpretativo». ¿A qué se debe tanta urgencia?

Te pongo un ejemplo: imagina por un momento que habláramos de la importancia de José Martí para la cultura cubana sin haber podido leer sus obras completas porque estaban inéditas. Salvando las distancias, esto pasó durante mucho tiempo con Esteban Salas desde que en 1946 Alejo Carpentier revalorizó su figura en La música en Cuba, un libro que nunca perderá su valor. Hasta el año 2001, cuando publiqué el primer tomo de la colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII, de la obra de Salas solo eran consultables en forma impresa 8 de sus 50 villancicos y cantadas, y 5 de sus 136 obras litúrgicas. Ahora contamos con 7 volúmenes que contienen 106 obras que abarcan los diferentes repertorios. Tenemos la misma deuda con Cayetano Pagueras, por lo que ya se inicia el proyecto en el que serán publicadas sus obras.

No sólo te has dedicado a la revisión, estudio y transcripción del repertorio de Salas, sino que te has preocupado también por su interpretación y grabación como miembro del Conjunto de Música Antigua Ars Longa. ¿Cómo ha sido la experiencia de llevar a la práctica el conocimiento teórico, de ir del manuscrito al concierto? ¿Se ha logrado una correspondencia con la realidad sonora del siglo XVIII?

La experiencia compartida con el Conjunto de Música Antigua Ars Longa —que fundaron y dirigen Teresa Paz y Aland López— en la interpretación históricamente informada de la música dio al estudio de la obra de Esteban Salas una perspectiva sistémica que imbricó los procesos de investigación y difusión del patrimonio. Al confrontar juntos los problemas de interpretación de cada repertorio en busca de las soluciones más adecuadas, se fortaleció mi apreciación sobre el proceso creativo de Salas. Esta experiencia tuvo como fruto tres importantes discos que contienen versiones históricas de su obra. Especialmente logrado es el CD Cantus in honore Beatae Mariae Virginis, que alcanzó el Gran Premio Cubadisco en 2003, y cuya Salve Regina, la pieza que abre el disco, es una de mis favoritas.

Nueve años de práctica en la ejecución del continuo como organista del Conjunto de Música Antigua Ars Longa contribuyeron, sin dudas, a perfilar mi análisis teórico-práctico e individualizado del repertorio de Salas, el cual será publicado íntegramente en el más reciente volumen de la Colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII.

Justamente la participación de Ars Longa en la defensa de tu tesis doctoral fue considerada por el tribunal «algo inédito en este tipo de ejercicio académico». Tú misma tocaste el órgano de continuo, simultaneando el dominio del repertorio de Salas en forma interpretativa, con la disertación histórica y analítica. ¿Pudieras referirnos acerca de este ejercicio académico que obtuvo la calificación de Sobresaliente Cum laude, otorgada por unanimidad en la Universidad de Valladolid, España?

Era importante que mi trabajo fuera juzgado severamente en forma de tesis doctoral por un tribunal experto en la música española del siglo XVIII, como primer paso para validar el resultado que luego presenté ante la Academia de Ciencias de Cuba. Fue muy provechoso contar con la tutoría de la Dra. María Antonia Virgili, y un honor que el tribunal haya sido presidido por el Dr. Antonio Martín Moreno, autor del libro Historia de la Música Española, siglo XVIII, quien además accedió a prologar el libro derivado de la tesis. No menos importante fue contar con la presencia de la Dra. María Gembero, la cual con sus estudios en el Archivo General de Indias, ha contribuido a develar muchos  vínculos musicales entre España e Hispanoamérica; el Dr. Carmelo Caballero, paleógrafo musical que posee estudios medulares sobre el villancico español y su relación con el ámbito profano; la Dra. Águeda Pedrero, investigadora de la música instrumental en el siglo XVIII, y mi maestra, la Dra. Victoria Elí, testigo de mi andar en estos rumbos de la musicología.

Presentarme acompañada del Conjunto Ars Longa, además de un privilegio, fue un hecho «poco común» en el ámbito académico, pero ¿cómo disertar sobre música sin escuchar las obras? Sería como que alguien explique los elementos de un cuadro ante un auditórium que nunca lo ha visto.

Me sirvió de mucho este ejercicio. No fue fácil enfrenarme ante un tribunal que no tuvo tapujos a la hora de juzgar mis «criterios conclusivos», pero la recompensa es muy grande. Siento que he adquirido aplomo y ahora me siento mucho más segura para enfrentar los siguientes estudios.

¿Cuáles consejos darías a un músico que se dispusiera a ejecutar la obra de Salas?

El más importante de todos es la comprensión de la función litúrgica para la que fue compuesta cada obra.

Y de vivir en el XVIII y haber conocido al Maestro, ¿qué pregunta le habrías hecho?

Tantas que quedaron sin respuesta en mi estudio: ¿Quiénes fueron sus profesores de música? ¿Llegó a ser maestro de capilla de la Parroquial Mayor de La Habana? ¿Cuál era su relación con el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz?, ¿Llevó consigo composiciones suyas para Santiago de Cuba? ¿Fue el precioso Magnificat a cuatro voces en verdad escrito por él? ¿Quién le suministraba los textos y las obras de otros autores que él copió? ¿Dónde están los autos sacramentales que se supone escribió? ¿Qué pasó con la plaza de arpa en la capilla de música que él dirigió? ¿Le agradan las interpretaciones que ha hecho Ars Longa de su música? ¿Por qué no escribió villancicos de sustrato más popular, como hacían sus contemporáneos? ¿Visitó alguna vez el Teatro Principal de La Habana? ¿Compartió con su homólogo Cayetano Pagueras?...  

¿Qué ha significado para ti el estar vinculada desde 1997 a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana?¿Ha sido esta relación la que te ha llevado a afirmar «que sin la música es imposible tener una visión integral sobre la rehabilitación material y espiritual de los centros históricos en tanto fuente de capital simbólico y sentido de identidad»?


La ciudad y la fiesta, y con ella la música, están íntimamente ligadas desde épocas fundacionales. Los espacios comunes: la calle, las plazas y los templos, eran los principales escenarios para todo tipo de celebraciones, donde siempre estaba presente la música.
Imagina un mapa de La Habana donde, además de los principales edificios y monumentos, estuvieran señalizadas las manifestaciones musicales asociadas a ellos. Por ejemplo, en el siglo XVIII, ello te ayudaría a comprender la vida de la ciudad en su contexto. Escucharías la «música de la capilla» que acompañaba la procesión del día de San Cristóbal, saliendo de la Parroquial Mayor (por la actual calle de los Mercaderes) hasta la Plaza Nueva (hoy Plaza Vieja) y regresando por el costado del Convento de San Francisco de Asís (calle de los Oficios), referencia que aparece en las Actas capitulares del Ayuntamiento de La Habana. También las rítmicas «caxas de guerra» o atabales y trompetas, que solemnizaban las funciones militares en saludo a la coronación del nuevo monarca. El sonido de los órganos del Convento de San Francisco de Asís —que describe en detalle el obispo Morell de Santa Cruz en su visita pastoral— acompañando el canto de los frailes en la liturgia de las horas. Los bailes de la Casa de la Tertulia, cerca de la Alameda de Paula, a los que  —advierte el Papel Periódico de la Havana— «solo podrán concurrir aquellas señoras suscriptoras, que son a las que únicamente se les franquea la entrada».

Por casi 15 años, gracias a Eusebio Leal he aprendido a mirar y escuchar La Habana, a descubrir la belleza del vitral oculto que espera en un solar que le toque el turno de ser restaurado; a valorar esa otra dimensión que adquiere el patrimonio arquitectónico cuando, además de recuperarlo, le devuelves su función primigenia; a amar mi herencia cubana.

Todo ello sustenta, por ejemplo, la función de la programación del Festival de Música Antigua Esteban Salas, él propone devolver a cada espacio recuperado en el Centro Histórico los sonidos perdidos en el tiempo. Ese fue el objetivo del estreno en Cuba del Oratorio Sacro a la Pasión de Cristo Nuestro Señor en la antigua sede de los oratorianos de San Felipe Neri; del concierto del órgano de Paula, que vuelve a sonar en esa antigua iglesita... y, más recientemente, la quema de la Tarasca, que Roberto Salas preconiza con su excelente grupo Gigantería.

Recientemente se impartió —por vez primera— un Diplomado pre-doctoral en Patrimonio Musical Hispano en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Coméntame acerca de esta idea, su objetivo, el plan de estudios, los profesores que participaron…


Luego de ejercer la musicología «de campo» por más de 15 años en temas del patrimonio musical cubano, español y latinoamericano y alcanzar el grado de doctora, pensé en mi deber para con la academia, la institución imperecedera donde se hace posible compartir con otros los valores aprendidos. Una vez erigido el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana como facultad de la Universidad de La Habana especializada en el estudio del patrimonio histórico-cultural, creí necesario fomentar el estudio de la música desde su perspectiva como bien patrimonial.

A esta idea se sumó el entusiasmo de la Dra. María Antonia Virgili, catedrática de la Universidad de Valladolid, precursora en España de la introducción de los estudios de musicología en el ámbito universitario. Juntas diseñamos el programa del nuevo Diplomado pre-doctoral en Patrimonio Musical Hispano —que toma como base aspectos de la maestría en Música Hispana de la Universidad de Valladolid— y lo presentamos ante el Departamento de Posgrado del Colegio San Gerónimo. De especial ayuda fue el apoyo de Raida Mara Suárez y las orientaciones de las profesoras Diana Mondeja y María Victoria Guevara. Finalmente el nuevo programa de posgrado fue presentado ante el Consejo Científico del Colegio y el Maestro Mayor, Dr. Eusebio Leal Spengler, los que aprobaron su ejecución.

El Diplomado pre-doctoral en Patrimonio Musical Hispano, como nueva titulación de posgrado del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana (Universidad de La Habana), constituye una práctica pionera en la docencia cubana y tiene el objetivo fundamental de promover la identificación del acervo histórico-musical de la región iberoamericana tomando como punto de partida su valor patrimonial y su difusión a partir de criterios historicistas. Para ello el programa de estudios incluye tópicos especializados en la música de Iberoamérica, su evolución histórica, rasgos técnicos, estilísticos, interpretación, catalogación, preservación, consumo y recepción desde una perspectiva diacrónica, con atención a las principales corrientes historiográficas y sus relaciones con la sociedad y la cultura de cada época.

La primera edición se implementó del 8 de enero al 2 de junio de 2011 con una matrícula de 29 estudiantes y contó con la participación de un prestigioso claustro de profesores procedentes tanto del Colegio San Gerónimo como del Instituto Superior de Arte, la Universidad de Valladolid y la Universidad Complutense de Madrid, que impartieron conferencias, talleres, seminarios y clases magistrales. La parte dedicada a la práctica musical estuvo a cargo del Conjunto de Música Antigua Ars Longa, dirigido por Teresa Paz y Aland López, quienes son precursores en Cuba de la interpretación históricamente informada de la música.

Al final de la jornada, 27 matriculados alcanzaron la meta con la redacción y defensa de un trabajo que debía abordar el estudio de un tema dedicado al patrimonio musical cubano. Todos los trabajos fueron de significativo interés, y entre ellos destaco los dedicados a: Presencia de instrumentos de viento en celebraciones públicas, religiosas y políticas en La Habana y Santiago de Cuba durante el siglo XVIII, de Oscar Cañizares; Aproximación al legado documental de Hilario González atesorado en el Museo Nacional de la Música: Catalogación de la obra musical, de Yurima Blanco; La colección de rollos de pianola del Museo Nacional de la Música: una alternativa para el rescate, preservación y difusión del patrimonio, de Yarelis Domínguez; Catalogación de la obra musical religiosa del compositor holguinero de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX José María Ochoa que se conserva en los fondos del Museo Provincial de Historia de Holguín, de Yanara Grau; Localización de gaiteros de las tradiciones gallegas y asturianas en La Habana: un panorama de su quehacer en el escenario de la sociedad cubana del siglo XX, de Susana de la Cruz; Música, boletín de Casa de las Américas (1970-1990): testigo de la historia, de Carmen Souto, entre otros tantos.

Además Teresa Paz y Claudia Fallarero alcanzaron su maestría en la Universidad de Valladolid con los trabajos El Conjunto de Música Antigua Ars Longa. Gestión y Difusión del Patrimonio Musical Hispano, y Juan París y la capilla de música de la Catedral de Santiago de Cuba. Villancicos de Navidad (1805-1807), respectivamente, con sendos sobresalientes.

La ceremonia de entrega de los certificados tendrá lugar en el Colegio de San Gerónimo el próximo 5 de septiembre como parte del acto de inicio del curso escolar en el país, y del 12 al 14 de septiembre próximo se realizará la segunda convocatoria de entrevistas para la selección de la matrícula de este Diplomado.

¿Está previsto incluir alguna asignatura que explique la música como patrimonio cultural en la Licenciatura en Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural que se imparte en San Gerónimo?

De conjunto con el Departamento Docente del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, he diseñado la asignatura Patrimonio Musical Cubano dentro del curriculum de la carrera Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural. Ya incursionamos en su implementación en el curso 2010-2011 y realmente fue una experiencia maravillosa en la que los alumnos se sintieron muy motivados.

La música es una de las mayores riquezas patrimoniales de nuestro país. Es un vehículo de identidad nacional, sin cuyo conocimiento desde la perspectiva de su esencia patrimonial no podría adquirirse una comprensión integral de la cultura cubana.

Asimismo, la música forma parte de los objetivos patrimoniales de la Oficina del Historiador de la Ciudad, certeza que se ha proyectado durante estos diez últimos años en el impulso y apoyo que esta institución ha prestado a la localización, identificación, estudio, edición y grabación del patrimonio sonoro cubano, así como su gestión y difusión. Me refiero, por ejemplo, a la Colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII, a las grabaciones del Conjunto de Música Antigua Ars Longa, los fonogramas promovidos por Habana Radio, el libro Música, compositores e intérpretes 1570-1902 de la Dra. Zoila Lapique… Los instrumentos de este proceso han sido muchos, y entre ellos destacan el Festival de Música Antigua Esteban Salas; la emisora Habana Radio; la programación semanal que organiza la dirección de Gestión Cultural en espacios como la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, la Iglesia de San Francisco de Paula, el Oratorio de San Felipe Neri...

Creo que resulta imprescindible que, al menos los profesionales de la Licenciatura en Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural que decidan formarse en las salidas de museología y gestión sociocultural, posean nociones del Patrimonio Musical Cubano.

A propósito del rescate de la obra de Esteban Salas, el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, escribió: «Todo se puede ganar o perder en esta vida: bienes infinitos, joyas, fama... pero nada será comparable a un instante en la contemplación de tanta belleza. Lo único que no nos será dado recuperar, es el tiempo perdido».
Los que tenemos la gracia de conocer a Miriam Escudero, sabemos que para ella no vale eso del tiempo perdido, sino más bien que se pierde en el tiempo en su afán de rescatar y perpetuar el patrimonio musical cubano. De ahí mi última pregunta:
¿En qué trabajas en estos momentos? ¿Continuarás procurándonos instantes en que contemplemos tanta belleza?


«La felicidad sobreviene cuando tienes noción de crecimiento». Esta frase de mi esposo, que he hecho mía, podría resumir mi respuesta a tu pregunta. Ya se encuentra en imprenta el más reciente volumen de la colección Música Sacra de Cuba, siglo XVIII, cuyo texto base es el desarrollado en mi tesis doctoral con el título Esteban Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba (1764-1803). Será el primer libro de texto exhaustivo sobre el tema que se publica. Asimismo, trabajo actualmente en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana en la coordinación editorial de dos libros dedicados a difundir la obra de otros músicos del Archivo de la Catedral de Santiago de Cuba: Juan París y Cratilio Guerra. Y pronto comenzaré mi más preciado proyecto: «La música en la Parroquial Mayor y Catedral de La Habana. La obra de Cayetano Pagueras».

Otra meta será transformar el Diplomado Pre-doctoral en Patrimonio Musical Hispano en un posgrado de maestría y, más adelante, en un doctorado, tanto para los estudiantes cubanos como para los latinoamericanos, para quienes el conocimiento y valoración de su patrimonio musical es de una urgencia inmediata. Solo pensar en cuantos manuscritos del siglo XVI permanecen aún inéditos en América, mientras que en Europa se cuenta con varias ediciones críticas de documentos homólogos, nos conduce a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos en la salvaguarda de nuestro patrimonio histórico-cultural.

Karín Morejón Nellar
Opus Habana