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El primero de noviembre de 1988 abrió sus puertas la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez (Casa de México) para divulgar los vínculos históricos y culturales cubano-mexicanos, dar a conocer la historia de México y contribuir al conocimiento de las expresiones artísticas de ese país. A propósito del aniversario, su director, Miguel Hernández Montesino, rememoró algunos de los principales momentos de la institución.

 

El primero de noviembre de 1988 abrió sus puertas la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez (Casa de México) para divulgar los vínculos históricos y culturales cubano-mexicanos, dar a conocer la historia de México y contribuir al conocimiento de las expresiones artísticas de ese país. A propósito del aniversario, su director, Miguel Hernández Montesino, rememoró algunos de los principales momentos de la institución.

A lo largo de estos 24 años, ¿han sido cumplidos los objetivos fundacionales de la Casa?
Considero que en gran medida, sí. Cuando la Casa comenzó su labor, México era, para la mayoría de los cubanos, mariachis, rancheras y tequila.
Nuestras relaciones históricas tenían como únicos nexos, o al menos los más manidos, la salida del yate Granma desde costas mexicanas y el apoyo de México a nuestro país en 1962, ante la Organización de Estados Americanos.
Claro que aquellas manifestaciones culturales y esos sucesos históricos son importantes, pero teníamos que ir más allá, y hemos avanzado.
Un escritor mexicano señalaba que México nos habla con mil voces, y tiene razón: su diversidad étnica y lingüística, costumbres y tradiciones, son aspectos que debemos seguir difundiendo.

México posee una riqueza cultural muy amplia y diversa. ¿Cómo se proyecta esa pluralidad desde el programa de la institución?
Es bueno hacer referencia a las jornadas culturales de los diferentes estados de la República mexicana, en las cuales hemos podido disfrutar de las expresiones estéticas de esas regiones, algunas muy particulares de la zona en cuestión y otras comunes a todas.
Por otra parte, el proyecto cultural centra su labor en cuatro manifestaciones artísticas: la música, las artes plásticas, el cine y la literatura. Sin descartar otras, pienso que las mencionadas son las que han tendido un puente más sólido entre nuestros pueblos.
Las Tardes de música mexicana, las exposiciones artísticas que organizamos periódicamente, y los ciclos de proyecciones cinematográficas son un ejemplo de ello.
Nuestro programa cultural está respaldado por la embajada de México en Cuba, y por la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana. Asimismo, los gobiernos estatales y sus respectivas secretarías de cultura han apoyado noblemente nuestra labor.

La biblioteca Alfonso Reyes funciona como un centro de documentación sobre México. ¿Qué particularidades tiene la misma? ¿La Casa promueve otros proyectos académicos?
La biblioteca atesora ejemplares que ya son considerados libros raros hasta en México. Desde su fundación, en 1966, por la Sociedad cubano mexicana de relaciones culturales, fue atesorando textos que tanto instituciones como personalidades donaban.
Subrayaría como relevantes las obras completas del notable intelectual Alfonso Reyes; los escritos, discursos y correspondencia de Benito Juárez, y las colecciones de revistas Artes de México y Arqueología mexicana. Me gustaría recalcar que es una biblioteca abierta a todo el que desee estudiar y conocer acerca de ese hermano país.
Este empeño se une al programa académico, que hoy se centra en el Aula de estudios cubano-mexicanos, espacio que convoca a investigadores, escritores, creadores de audiovisuales, entre otros, a ofrecer conferencias, presentar libros o materiales fílmicos que develen los más destacados sucesos de esa historia que ha enlazado nuestros países. Además, en breve, se organizarán periódicamente ciclos de conferencias que abordarán la historia y la cultura de México.

Precisamente, en uno de los más recientes encuentros del Aula de estudios cubano-mexicanos, usted adelantó algunos apuntes vinculados a una investigación que acometen especialistas de la Casa acerca de las relaciones del primer Historiador de la Ciudad, Emilio Roig de Leuchsenring, con México y su cultura. ¿Cuál es el propósito de tal proyecto?
Me gustaría decir –y es un criterio muy personal– que, a pesar de los esfuerzos de la Oficina del Historiador y sus medios de comunicación, sobre la vida y la obra de Emilio Roig aún queda mucho por estudiar. Toda iniciativa para contribuir a su conocimiento nos parece positiva.
Ese sería entonces el primer propósito. Otro objetivo es demostrar que los vínculos que actualmente mantiene la
Oficina del Historiador con México constituyen un legado de Roig, y reafirmar lo que varias veces ha expresado Eusebio Leal sobre su propia obra, heredera de la que realizara «el eterno y paradigmático Historiador de la Ciudad».

Celia María González
Opus Habana