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«Nuestro sistema de enseñanza se puede reducir en dos palabras: aprender trabajando», asegura Eduardo Delgado González, director de la Escuela, durante esta entrevista.

«...la Escuela tiene como norma la enseñanza de técnicas tradicionales de construcción, pero sin dejar de aprender las técnicas modernas, que no pueden despreciarse».

En septiembre de 1992 surge la Escuela Taller de La Habana Gaspar Melchor de Jovellanos, iniciando en Cuba la formación de jóvenes obreros calificados en la restauración de bienes patrimoniales edificados.
A casi 20 años de ininterrumpida labor, este centro docente ha garantizado la demanda de fuerza de trabajo de las instituciones que realizan labores de restauración en el Centro Histórico, motivo por el cual ha tenido que ampliar sus áreas docentes, o talleres, donde actualmente laboran 450 alumnos.
«Nuestro sistema de enseñanza se puede reducir en dos palabras: aprender trabajando», asegura Eduardo Delgado González, director de la Escuela, durante esta entrevista.

¿Pudiera hablarnos brevemente sobre las principales etapas por las que ha transitado la Escuela Taller durante estas dos décadas?

La Escuela tiene muy bien diferenciadas, a mi entender, dos etapas. La primera comienza en 1992 y coincide con la vigencia del convenio entre la Agencia Española de Cooperación Internacional —hoy Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo— y la Oficina del Historiador, por la parte cubana; convenio que tenía por objetivo restaurar un edificio de notables valores arquitectónicos, donde de una manera u otra se viera reflejada la influencia estilística española. Aunque en un inicio solo se intervendría el antiguo convento de San Francisco de Asís, la prórroga del convenio por 11 años permitió la restauración de otras obras, como la casa de Oficios 117-119 y, de manera colateral, el Palacio de las Cariátides, actual Centro Hispanoamericano de Cultura.
A partir de 2003 hay una segunda etapa, que representa la consolidación de la Escuela Taller como centro docente, pues se estructura un plan mucho más ambicioso, que ofrece respuesta a la necesidad de fuerza de trabajo de las instituciones que realizan labores de restauración en el Centro Histórico, entre ellos la Empresa Constructora Puerto Carenas, el Gabinete de Restauración de la Dirección de Patrimonio Cultural, así como las brigadas de mantenimiento de Patrimonio y de la compañía turística Habaguanex.
En este período la Escuela ha aumentado su capacidad de alumnos. Al principio teníamos un promedio de 90 a 100, pero ya a partir de los años 2007 y 2008 el número de estudiantes fue creciendo, y en estos momentos tenemos una matrícula de 450 jóvenes. A ello contribuyó el proceso inversionista activo desde 2004, mediante el cual, además de la escuela fundacional, se crearon tres unidades docentes que forman parte de la Escuela Taller, pero tienen determinado nivel de especialización. Entre ellas está la Escuela No.3, con los talleres de herrería, cantería y yeso, así como la Escuela No.2, donde están carpintería y vidrio. Esperamos que cuando termine la construcción de las unidades 4 y 5, lleguemos a un total de 600 alumnos. Esta fue la meta proyectada desde un inicio por el Historiador de la Ciudad, quien es el gran artífice de la institución. Aunque en estos momentos el convenio con la Agencia Española no está vigente, la cooperación internacional sí funciona con esta y otras naciones.

¿Qué particularidades tiene la enseñanza de oficios tradicionales en función del rescate del patrimonio edificado?


Hay técnicas e incluso oficios que existían en la época colonial y que actualmente no se ejercen porque las construcciones modernas no los requieren. Tal es el caso del trabajo en yeso, de la forja y también de la cantería, oficios casi perdidos pero muy importantes en el tema de la restauración.
Por ejemplo, la mayoría de las edificaciones de piedra, con un nivel de abandono marcado en el tiempo, requieren de tratamientos o procedimientos que no están al alcance de los albañiles, por lo que se hace necesario formar trabajadores especialistas en piedra, o sea, canteros. Por eso la Escuela tiene como norma la enseñanza de técnicas tradicionales de construcción, pero sin dejar de aprender las técnicas modernas, que no pueden despreciarse.
Uno de los temas fundamentales al inicio de la Escuela fue buscar los profesores. En ese momento quienes impartían las clases eran viejos maestros ya retirados de la vida laboral, con 40 o 50 años de experiencia en el oficio. Esta circunstancia hizo que durante los primeros años se formara un grupo de jóvenes muy capaces y preparados, de los cuales han  surgido los relevos con que contamos en la actualidad. Teniendo en cuenta todo lo anterior, puedo decir que este centro ha contribuido al rescate de los oficios, sobre todo aquellos que estaban casi perdidos.

¿Cuáles son los proyectos más significativos en los que ha participado la Escuela Taller?

Además del Convento de San Francisco, evidentemente están las iglesias ortodoxas, donde por primera vez se aplicó en Cuba la técnica de bóvedas extremeñas. Para aprender esta técnica fuimos a la región de Extremadura, en España. Otras obras importantes son los inmuebles de la calle Oficios antes mencionados y el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, donde tuvimos un trabajo muy significativo, que fue el montaje del pórtico principal. Actualmente estamos trabajando en la Fortaleza de la Punta y el Cementerio de Colón, en el cual pensamos crear una nueva unidad docente, pues todas las especialidades tienen aplicación allí.

Celia María González
Opus Habana


Imagen de la izquierda: Eduardo Delgado González dirige la Escuela Taller de La Habana Gaspar Melchor de Jovellanos desde 1995. A la derecha: Alumnos de la especialidad de albañilería de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos enfrascados en terminar una cúpula del panteón de la familia Loredo, que tuvo que ser reproducida luego de derrumbarse ompletamente por el paso de un ciclón. Ellos integran el grupo de más de 30 estudiantes de diversas especialidades que tienen a su cargo la restauración total del camposanto.