Imprimir
Visto: 5987
 Uno de los artistas cubanos más representativos de su generación, siempre ha dado la imagen de un hombre polémico, con un carácter difícil y reacio a los convencionalismos.
Como era un desarrapado igual que todos esos viejos trovadores; como andaba «zapateando» la calle como ellos; cantando mis canciones con mi guitarra, por las noches, por ahí, igual que ellos; yo me dije: soy un trovador, no soy otra cosa.

 Casi como si me hubiera visto ayer, pone una mano en mi hombro y me dice: «Qué tal, María». Ha llegado puntual a nuestra cita en los estudios Ojalá y con gesto diligente me conduce hasta la antesala de su oficina.
Retratos de José Martí cuelgan en las paredes, junto a un lienzo de exquisita factura e intenso colorido: Réquiem para el novio mayor, del pintor Ernesto Rancaño. En él Martí yace junto a una mujer vestida con la bandera cubana... «Parece el título de una canción de Silvio», pienso, y sonrío porque Silvio Rodríguez está sentado ahora frente a mí, desconocedor de que yo arrullaba a mi hijo con sus canciones.

&#8211¿Recuerdas a las personas que asistieron al primer concierto de tu vida? &#8211le pregunto de improviso, un poco para romper el molesto titubeo que precede a toda entrevista. Y me contesta que no, que no se acuerda de quiénes asistieron aquel primero de julio de 1967 a la salita del Museo de Bellas Artes.
&#8211Aunque a medida que ha pasado el tiempo he ido descubriendo a algunas personas que estuvieron allí: unas, personalidades conocidas hoy; otras, gente común...

&#8211Tan sólo unos días antes, en junio habías debutado en un programa televisivo de nombre rimbombante: Música y Estrellas. Era un martes 13...
&#8211Y el refrán dice «ni te cases, ni te embarques», pero como no dice «ni toques la guitarra», yo me atreví a tocarla (ríe)... Es curioso, además, porque ocurrió al día siguiente de haberme desmovilizado de las Fuerzas Armadas. Era como dejar un mundo y llegar a otro...

&#8211¿Notaste enseguida el cambio?
&#8211Imagínate, pasaba de ser un recluta, uno más ahí entre tantos y tantos muchachos, a convertirme en una persona que aparece en la televisión, con todo lo que eso significa en cualquier lugar del mundo y, especialmente, en nuestro país. Cuando salí a la calle esa misma noche y la gente empezó a identificarme en el ómnibus, comprendí que no sólo estaba desmovilizado y que era de nuevo un civil, sino que me había ocurrido algo muy extraño...

&#8211Pero, a decir verdad, tú no eras uno más en el ejército. Además de dibujar, sentías vocación por la guitarra...
&#8211No era uno más en el sentido de que hacía muchas cosas al mismo tiempo: recibía clases de radiotelegrafía, hacía la preparación combativa, las guardias, y cuando se iba a cerrar la revista Venceremos, me pedían que trabajara uno o dos días. Yo había sido aprendiz de dibujante en la revista Mella, había llegado a tener mi propia página de historietas y, aunque no era un profesional, poseía un mínimo de experiencia aprovechable.

&#8211¿Cuándo a prendiste a tocar la guitarra?
&#8211En el ejército aprendí los primeros acordes y compuse mis primeras canciones para entretenerme y entretener a mis compañeros, tan solos y aburridos como yo los fines de semana. Pero nunca me vi a mí mismo como un cantante ni mucho menos, nada de eso... Yo quería ser dibujante, y que mis canciones las cantaran otros. Fue Mario Romeo quien me metió en la cabeza la idea de cantar y habló con mi familia para que saliera en el programa. Por cierto, me tendió una trampa: me dijo que viniera a los estudios de la televisión para hacerme una prueba de voz, y la prueba era con la orquesta completa. Ya él había escrito dos arreglos de mis canciones, y me preguntó: ¿Tú puedes cantar con la orquesta?, a lo que yo respondí: No sé, vamos a ver... Bueno, toca... Toqué, y la orquesta me cayó atrás.

&#8211A partir de ese momento cambiaron tus planes...
&#8211Muchos se me acercaron y me dijeron: «Oye qué bárbaro tú eres». Imagínate, pasar de recluta en la oscuridad a salir en la televisión el cambio fue muy violento. Enseguida te empiezan a decir que eres un fenómeno, y uno muy gustoso se lo cree: es inevitable a los 20 años, con esa necesidad de autorreafirmación. Además yo no provenía de una familia de artistas. Oía hablar a la gente y me callaba todo el tiempo, porque me decía: qué voy a hablar yo aquí... al principio, apenas lograba comunicarme con los trovadores de mi propia generación ya que sí tenían una trayectoria musical y comentaban sobre autores, música de tal o más cual lugar... Yo lo único que conocía era lo que escuchaba por la radio... Yo era un animalito salvaje que empezó a hacer canciones...

&#8211¿Cuándo empiezas a identificarte con Sindo Garay; con la trova tradicional?
&#8211Escuchaba y cantaba sus composiciones sin saber que eran de él... Incluso en mi niñez, lo había visto cantar una vez, y a su hijo Hatuey acompañarlo con el serrucho. Yo tenía como siete u ocho años, había ido con mi padre a ver una obra de teatro en la sala Talía, si mal no recuerdo, y cuando terminó la puesta, Sindo subió al escenario y cantó dos o tres canciones. De eso me acordé muchos años después. Mi padre me refrescó la memoria y, efectivamente, hasta recordé una de aquellas canciones: «La tarde».
Pero, en realidad, comienzo a acercarme a su obra gracias al disco Canciones de Sindo Garay, que su otro hijo, Guarionex, junto a Doménica Verges, Cotán, Guyún y Adriano Rodríguez grabaron en la década de los 60. Ese disco me impactó, y enseguida me identifiqué con esa manera de hacer canciones e interpretarlas con una intención marcadamente trovadoresca. A partir de entonces, empecé a autodenominarme trovador. En aquella época se había puesto de moda la palabra canta-autor y, cuando la utilizaban para presentarme, yo corregía: canta-autor no, trovador (ríe). Bueno, era una de mis...

&#8211Pesadeces...
&#8211El problema es que yo sentía cada vez más simpatía por los viejos trovadores...
Comencé a relacionarme con algunos en programas de radio, como el que hacía Luis Grau en Radio Rebelde, el primero en que yo participé. Visité sus peñas, y me di cuenta que mantenían viva esa zona tan importante de la cancionística cubana, sencillamente por su deseo, porque apenas eran remunerados y atendidos, además de estar marginados por completo de la radiodifusión. Sin embargo, se reunían y hacían colectas para contratar equipos de sonido, tener un refresco que ofrecer en la peña, resolver transporte a algún trovador que viviera demasiado lejos... Todas esas cosas me hicieron sentir cada vez más simpatías por la trova tradicional, incluso verla como un problema casi clasista dentro del panorama de la música cubana, en el que había sectores infinitamente más privilegiados: los baladistas, las orquestas...
Como era un desarrapado igual que todos esos viejos trovadores; como andaba «zapateando» la calle como ellos; cantando mis canciones con mi guitarra, por las noches, por ahí, igual que ellos; yo me dije: Soy un trovador, no soy otra cosa. O sea, desde un inicio asumí el hecho de ser trovador como un problema que trascendía lo cancionístico: era también una actitud ética, además de estética.

&#8211¿Y en la práctica, cómo mantenías esa actitud?
&#8211Esa fue la razón por la cual yo &#8211y otros&#8211 mantuvimos esa imagen pública desmitificadora: no queríamos vestirnos con traje ni lentejuelas, ni salir en la televisión de una forma distinta a como éramos cotidianamente, porque entendíamos que ser trovador era una actitud ante la vida... Todo eso se lo debo especialmente a Sindo Garay, porque de todos los trovadores tradicionales me pareció el más atractivo, el de las músicas más atrevidas, el de los cambios armónicos y melódicos más insólitos... Yo siempre quise hacer canciones que se distinguieran una de otra, cosa que conseguía con facilidad Sindo. Digo con facilidad, pero quiero decir: con mucho trabajo... Sólo que él tenía un altísimo nivel de inspiración, una musa muy poderosa...

&#8211Y de los poetas, ¿quiénes influyeron en ti? ¿ Lorca?
&#8211Sí, Lorca... Pienso que su poesía es un fenómeno de originalidad en el lenguaje... Escribió uno de los libros de poemas más asombroso que se ha escrito nunca: Poeta en Nueva York. En mi opinión, la poesía es antes y después de ese libro. Pasa como con algún libro de Walt Whitman, o como con los Versos Sencillos, de Martí a mí me marcó completamente ese Lorca profundo, menos evidente, cuya poesía se expande, se desarrolla y se convierte en una cosa poco menos que monstruosa.

 &#8211¿Recuerdas algún poema en especial?
No, pero sí un verso increíble: «la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises». Creo que es del poema dedicado a Whitman.

&#8211¿Y Vallejo?
&#8211Sí, creo que también me hizo entender mucho por donde iba la poesía, con ese afán de encontrar una expresión personal exprimiendo las palabras...

&#8211¿Quiénes son tus poetas cubanos preferidos?
Por supuesto, Martí, que es el que más he leído siempre. Pero también hay otros, como José Zacarías Tallet, a quien leí siendo muy joven y me impresionó muchísimo. Me parece que es un poeta enorme de esa generación, junto a Rubén Martínez Villena. La personalidad de este último me resultaba muy atractiva y creo que, más que con mi espíritu, su poesía tenía que ver con esa etapa de mi juventud. Me llamaba la atención que, como Martí, hubiera dejado el parnaso para dedicarse a la justicia social. Rubén influyó, quizás, en el sentido que yo le di a mis canciones durante aquellos primeros momentos de tanteos y balbuceos.
Por otra parte, siempre he envidiado mucho a los poetas susurrantes, tal vez porque &#8211siendo Sagitario&#8211 tengo un espíritu algo épico, y como uno envidia lo que le falta o supone que le falta. Por eso, siempre me han parecido tan misteriosos los poetas como Lezama, Eliseo, Cintio, Fina... toda esa generación de Orígenes, que es tan especial.

&#8211¿Te hubiera gustado recorrer La Habana Vieja con Lezama Lima?
&#8211Habría sido un camino lento... Claro, seguramente habría aprendido más de ella, no sólo por la pausa, sino por lo que le agregaría Lezama. Aunque no estaba postrado, salía muy poco. Yo lo había visto algunas veces, pero era un hombre que estaba en lo suyo, muy ensimismado... Un día, unos amigos me llevaron a su casa y, a partir de entonces, me saludaba cuando nos encontrábamos. Era muy atento, una persona muy fina...

&#8211En «Esto no es una elegía», ¿le cantas a una mujer o a la ciudad?
A una mujer de la que me enamoré, así, como cuando te parte un rayo. Me fue a ver, de pronto, al estudio donde yo estaba grabando, y recuerdo que salimos a caminar hasta el Malecón. Yo llevaba un libro de sonetos que había terminado en esos días, y nos sentamos en el muro a conversar. Entonces, hubo un beso, y tiré el libro al mar, los originales, 42 hojas... Por supuesto, que no lo recuperé, porque (ríe) no me lancé al agua tras los sonetos, sino que seguí aferrado a mi beso. Después caminamos por la Habana Vieja... Esa señora me inspiró tres canciones, dos divulgadas: «Esto no es una elegía» y «En estos días». La única que no se conoce es «Ronda de los condenados».

&#8211¿Has dedicado canciones específicamente a la ciudad?
&#8211Tengo una que se llama así mismo «La ciudad».

&#8211¿En qué disco?
&#8211No, no está en ningún disco. Es una canción de esa misma época, y habla sobre la fundación de la ciudad y de todo lo que pasó después. Quizás, algún día la grabe también. Es inédita, la conoce poca gente.

&#8211¿Por qué mantienes tantas canciones inéditas?
&#8211Por ninguna razón en particular, sino porque para editar todas las canciones que he hecho, tendría que sacar dos o tres discos al año, y el proceso de grabar es lento, necesita selección. Por otro lado, ten en cuenta que yo grabo mi primer disco al cabo de ocho años de estar cantando. Hay gente que tiene la suerte de hacerlo inmediatamente después que la descubren, como se suele decir... Pero ese martes 13 que mencionas, ya yo tenía casi cien canciones escritas; imagínate cuántas tendría en 1975, cuando hago Días y Flores. Uno de los gravísimos problemas que se me presentó, fue escoger entre cientos de canciones. Y cada vez que hago un disco me pasa lo mismo, porque desde un principio se me han ido acumulando. Tanto es así, que tengo unas 200 editadas, y otras 400 sin editar. No todas valen la pena; muchas son intentos, bocetos, o canciones que no me quedaron todo lo bien que pensé... De ahí la selección, porque trato de escoger las más valiosas. Pero te digo, eso es una deuda que no voy a poder saldar; es como la deuda eterna, impagable.

&#8211Trova tradicional, poesía pura... ¿qué más ha influido en tu obra artística? &#8211Hay una cosa de la que casi no hablo, pero te puedo decir que la historia influyó enormemente en la manera de hacer canciones. Si yo no hubiera sido historietista, si no hubiera tenido un sentido de la gráfica, mis canciones hubieran sido diferentes. Creo que es uno de los motivos de que yo cante con imágenes, porque empecé a describir el mundo con ellas, siendo un dibujante.

&#8211Entre tus aficiones se encuentran también la fotografía, la computación... ¿sigues cultivándolas?
&#8211Desafortunadamente, me he tenido que alejar del dibujo. Tampoco soy un especialista en computación, sino un usuario tal vez un poco adelantado. He utilizado varios programas gráficos para hacer mi propio archivo fotográfico en la computadora. Pero bueno, para hacer buena fotografía hay que dedicarse a eso.

&#8211¿Escribes?
&#8211Escribir es algo así como un vicio. Oficio tan solitario, al decir de Gabriel García Márquez, es muy probable que sea como hablar consigo mismo. En cualquier caso, es grato para mí escribir, y yo lo hago prácticamente desde niño...

&#8211Cuéntame sobre tu niñez...
&#8211De San Antonio a La Habana, de La Habana a San Antonio... lo mejor de mi niñez fue la que pasé en mi pueblo. De eso no me cabe la menor duda. Creo que es el sustento, en gran medida, de todo lo que escribí después.

&#8211Vamos cuéntame un poco más...
&#8211Hay una teoría de que en San Antonio cayó un aerolito hace muchos años. Tú no te has fijado en la cantidad de pintores, escritores y músicos que da ese pueblo, con lo chiquitico que es... Dicen que es eso (sonríe con malicia), que es una radioactividad, una influencia extraterrestre, algo, algo que cayó ahí en el pueblo ese... Y que le sucede a todos los que se bañan desde chiquitos en las aguas del río Ariguanabo, que está en crisis...

&#8211¿Ecologismo...?
&#8211Cancionismo, porque a ese río le debo buena parte de mis canciones. Como le dije hace poco a un amigo: sería muy triste que dentro de unos años apareciera un trovador con una canción que se llamara «Yo soy de donde hubo un río». Es que ese río es una de las cosas más bellas que hay en la provincia de La Habana, y tenemos que salvar las cosas bellas, tenemos que salvar nuestra naturaleza. No es nada superficial eso. Lo que pasa es que no nos damos cuenta y el río cada vez está peor. Es algo que me tiene muy preocupado, de veras que me tiene muy preocupado. Allí hay un grupo de gente que quiere salvarlo, pero para crear esa mentalidad ecológica hay que luchar mucho.

&#8211Ese río, indudablemente influyó en tu quehacer...
&#8211Bueno, cuando menos está mencionado en unas cuantas canciones. Y está en muchas otras cosas que aprendí en él, observándolo, gozándolo, sintiéndolo... Creo que a toda la gente que nació en San Antonio le pasó igual, lo único que no todo el mundo tiene una guitarra para contarlo. Pero los que crecieron bañándose en ese río, saben a lo que me refiero. Ellos son mis verdaderos cómplices.

&#8211¿Eras un niño travieso?
&#8211No

&#8211¿Tranquilo?
&#8211Tampoco. No hay niño tranquilo.

&#8211Eras un niño normal y corriente.
&#8211 Perfectamente normal y corriente.

&#8211¿Cuántos hijos tienes, Silvio?
&#8211Cinco. Una hembra y cuatro varones.

&#8211Una buena cosecha...
&#8211Pudieron ser muchos más, María, realmente pudieron ser muchos más.

&#8211¿Se ha decidido alguno por el camino arriesgado y comprometido de su padre?
&#8211Hay un par de ellos que tocan un poco la guitarra, pero sobre todo hay uno que le interesa mucho la música y está empeñado en estudiarla. Vive muy lejos, así que vamos a ver si lo consigue.
 &#8211¿Crees que, aún hoy, existen continuadores de la Nueva Trova?
&#8211Entre los más jóvenes, hay muchos que tiene ese espíritu más austero, más aguerrido... semejante al que teníamos nosotros a esa edad. Hemos grabado aquí algunos, y los noto con grandes deseos de hacer bien las cosas.

&#8211Sobre el Che has dicho: «los gérmenes de esa personalidad fantástica, en el sentido de espléndida, la siguen y continúan otros». ¿Quisiste ser como él?
&#8211De forma muy modesta, sí, porque no es fácil ser como el Che. En gran medida traté de ser como él, y por eso también me busqué tantos problemas... El Che también se buscaba problemas. Claro, yo no sabía que se los buscaba. Como todos, me enteré muchos años después, cuando pude conocer más anécdotas sobre él, su visión del socialismo tan personal, tan poco dogmática, tan iconoclasta... Y sin querer, y queriendo, yo era un poco también eso, salvando las distancias, por supuesto. Haber asumido la trova como un fenómeno ético, además de estético, tiene que ver mucho con un espíritu guevarista.

&#8211Entonces, ¿por qué eras incomprendido?
&#8211Los jóvenes que coincidimos en aquel momento, nos identificábamos tremendamente con el país, su historia, sus tradiciones... y, a la vez, con la Revolución, con esa gran necesidad de ruptura. Pero no queríamos aceptar toda la realidad como corderos, sino en forma compulsiva y compulsante, tratando de asumir el papel que &#8211creíamos&#8211 nos correspondía como generación, como hijos de padres que habían hecho la proeza de liberar el país y de comenzar un proyecto tan trascendente. Pensamos que no había mejor forma de dignificarlos que ser rebeldes como ellos, intransigentes como ellos, pero luego resultó que algunos no nos soportaban. Se olvidaron muy pronto de cómo eran cuando jóvenes. Y también hubo aquello de que tenías que probar tu valor en la práctica, ¿no?
Con los años, he visto cómo se cuestionan a trovadores jóvenes &#8211Carlitos Varela, por ejemplo&#8211, y me acuerdo de las primeras veces que hablé con él, y le dije: deja que pase un poco el tiempo, tú sigue... te van a decir montones de cosas, pero si quieres hacer canciones críticas, tienes que asumirlo y esperar, esperar... Verás que con el tiempo, tu misma actitud irá dejando señales, y la misma gente que te atacaba, terminará respetándote... Con nuestra generación sucedió exactamente así.

&#8211Hay quienes dicen que ustedes terminaron plegándose...
&#8211Nos plegamos mierda; la realidad tuvo que aprender a soportarnos. Trataron de darnos candela, y no pudieron. Como te estaba diciendo, queríamos ser como el Che, sin tener la trayectoria probada del Che. Decían: qué se han pensado los chiquitos estos, hablando de esta cosa y de la otra... vamos a caerles a cocotazos, vamos a meterles miedo, vamos a meterles un frío... Seguimos, y ya ha pasado suficiente tiempo para tener una trayectoria &#8211por supuesto, que jamás como la del Che&#8211 pero una trayectoria respetable, dentro de lo que es ser revolucionario en nuestro país.

&#8211A raíz de su muerte, escribiste de un tirón «Fusil contra fusil» y «La era está pariendo un corazón». ¿ Le has dedicado otras obras?
&#8211Yo he escrito siempre muchas cosas sobre el Che. Algunas tienen que ver con él directamente; otras, menos...

&#8211Como «El Unicornio», que a Vicente Feliú le recuerda al Che...
&#8211Otros dicen que a John Lennon. Hubo hasta una mujer que me llamó por teléfono, insultándome porque yo no tenía el valor de reconocer que había hecho «El Unicornio» a Lennon (ríe). Que más me daría reconocerlo, le dije, si yo soy un admirador de Lennon, y toda la vida lo fui. El problema es que no la hice por él... Ahora, si tú quieres ponérsela, mira una foto suya y cántasela. Estoy de acuerdo con eso.

&#8211¿Te consideras con alma de predicador?
&#8211Quiéralo uno o no, cantar es una forma de predicar... estar a favor o en contra de algo, es una forma de predicar... Prácticamente, no se puede respirar sin predicar. En el fondo o en la superficie, todos somos predicadores. Lo que unos somos más amplificados que otros.

&#8211¿Por qué tu último disco se llamará Descartes?
&#8211Porque son los descartes de los discos Silvio, Rodríguez, y Domínguez.

&#8211Pensaba que era por el filósofo francés.
&#8211Yo no soy muy cartesiano que digamos, en el sentido en que se suele utilizar el término. Yo soy más utópico...

&#8211Sin embargo, parafraseando a Descartes: «compones, luego existes».
&#8211Cada vez tengo menos tiempo para componer. Es algo a lo que hay que realmente dedicarse por completo, porque una vez que empiezas, sólo puedes parar cuando el cuerpo te lo pide... Ése es uno de los problemas que trae convertirse en una persona llamativa: la gente empieza a hacerte mucho caso y, con tal de no ser descortés, tienes que olvidarte de ti mismo y multiplicarte para atender a los demás. Pero eso empieza a atentar terriblemente contra la razón por la cual te solicitan, porque te siguen pidiendo que cantes, que compongas, y, a la vez, siguen ocupándote más y más tu tiempo y espacio. Y cuando decidas terminar con eso, probablemente no te entiendan. Ése es el precio de ser famoso, María...
Han pasado casi tres horas de conversación y poco más de treinta años desde que fui por primera vez a la salita del Museo de Bellas Artes para escuchar a Silvio. Y casi como si fuera ayer, me dice: «María, María... aquella María que caminaba conmigo las calles de La Habana, hasta de madrugada. Tú siempre aconsejándome como una hermanita mayor... Yo me callaba la boca, vamos a dejar que me aconseje, y después hacía lo que me daba la gana».
Silvio ríe, relajado, como lo ha hecho en varias ocasiones durante la entrevista. Es la misma risa de aquellos tiempos, cuando lo acompañaba a escuelas, universidades, fábricas, centros agrícolas... Días difíciles para él, pero que ahora rememora con cierto dejo de nostalgia al despedirme:
&#8211Tiempos bonitos aquellos... Yo cantaba todos los días y a todas horas.