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«Siempre pienso la música con imágenes. Creo que si las personas comprenden la emoción en la música, pueden crear su propio mundo imaginario», confiesa Lieve Gueuens en esta entrevista.

Como parte de la recién culminada V Semana Belga en el Centro Histórico, la soprano belga Lieve Gueuens ofreció un concierto en el Oratorio San Felipe Ner, acompañada por la pianista cubana Pura Ortizi. Nacida en Amberes (Flandes, Bélgica), Gueuens es licenciada en Historia del Arte. También, con la calificación de Cum laude en jazz y en canto clásico, se graduó en el Conservatorio de Utrecht (Ámsterdam, Holanda).
Durante la presentación en San Felipe Neri, primó la interacción y el diálogo constante de Gueuens con el público. Al interpretar reconocidas arias pertenecientes a óperas de importantes compositores como Gounod, Puccini, Mozart, Catalani, Gershwin, Verdi…, la artista puso de manifiesto su indiscutible talento, originalidad y pasión por el canto lírico.

¿Cuándo y por qué se inicia en los estudios de música?

Desde niña escuchaba todo el tiempo a mi madre tocar el piano. Durante las noches, mientras yo dormía, ella estudiaba. Al escuchar la música yo quedaba fascinada e inventaba pequeñas historias que inundaban mis sueños.
Como en muchas otras partes, en Europa es muy común que los niños estudien un instrumento. Por ser yo algo impaciente, mi mamá me sugirió el violín y con sólo cinco años comencé a recibir clases. También practicaba un poco en el piano de mi casa. Cuando sentía la música en mis dedos, trataba al mismo tiempo de cantar, creyéndome una cantante de ópera, aunque en aquel momento no contaba con la voz necesaria. Todo estaba en mi mente, porque desde entonces tenía —y continúo teniendo— una imaginación muy fuerte.

Dos momentos de la estancia de la soprano belga Lieve Gueuens en La Habana. A la salida del concierto que ofreció el martes 9 de noviembre de 2010, en el Oratorio San Felipe Neri (izquierda), y en el patio central del Centro Cultural Vitrina de Valonia (derecha).

¿Cómo fueron sus primeras presentaciones en público?

Toqué el violín desde los cinco hasta los 18 años. No sabía aún a qué iba a dedicarme profesionalmente, y comencé a tocar jazz y un poco de salsa en una orquesta. Algunas veces, tenía ideas difíciles de concretar en el violín y, entonces, las cantaba, hasta que un día me dijeron: «Tú debes cantar y tocar al mismo tiempo».  Durante mis primeras clases de canto, la profesora me preguntó dónde había aprendido a cantar; y yo le respondí que ésa era mi primera clase. Por muy severa conmigo, ella no me creyó, pero me enseñó que tenía un talento que debía desarrollar.

Al leer su currículo, resalta el que, además de ser licenciada en Historia del Arte, haya obtenido la calificación de Cum laude en dos especialidades del Conservatorio de Utrecht (Holanda). Cuéntenos cómo sucedió.

A los 22 años, después de recibir cursos privados de canto, comencé a interpretar jazz y música popular. Una vez, una persona me escuchó tocar y me propuso estudiar en el Conservatorio de Utrecht, a 30 kilómetros de Ámsterdam. En ese momento, aunque yo cursaba —y terminé—  la carrera de Historia del Arte en la Universidad de Utrecht, ya estaba segura de que quería dedicarme al canto. En el Conservatorio, me decidí por el jazz. Tenía una profesora que me instaba a estudiar canto clásico. A mí no me gustaba lo que considero mentalidad rígida de ese género, porque prefiero las personas que juntas encuentran la manera de compenetrarse y crear música. Sin embargo, decidí estudiar, al mismo tiempo, jazz y canto clásico, convirtiéndome en la primera mujer en Holanda —y quizás en Europa— en obtener, en ambas carreras, la calificación de Cum laude.

¿Cómo continúa su carrera profesional después de graduarse con tan buenos resultados?


Luego de graduarme, canté en varios grupos de todo tipo de música: brasileña, salsa, jazz-rock… Mientras pasaban los años, mi voz se desarrollaba más, crecía y se volvía más grave. Al interesarme por la técnica vocal específica de cada género musical, me contrataron como profesora en la Universidad y Conservatorio de Utrecht. Disfrutaba explicar a mis estudiantes cómo hacer para mejorar sus voces, la velocidad, el volumen…
Por apasioname de igual manera con el teatro y el canto, en un momento determinado decidí concentrarme en una sola cosa: la ópera.

¿Por qué escoge la ópera?

Cuando cantaba jazz, pop, música brasileña…, necesitaba siempre llevar muchas cosas conmigo a conciertos que se realizaban al aire libre y muy tarde en la noche; viajar de una ciudad a otra; de un país a otro —Francia, Bélgica, Holanda, Alemania…—, y luego, regresar a casa. Hubo un momento en que dejé de sentirme joven y saludable: «No soy una mujer muy fuerte y debo cuidarme», me dije. Ya había trabajado en muchas óperas y me sentía bien.

Durante el concierto en el Oratorio San Felipe Neri mostró su estilo muy particular de interpretación, en el que prima la interacción con el público. ¿Cuál es su objetivo al establecer este diálogo, alejado de todo convencionalismo?

Mi estilo se escapa de lo tradicional , pues mi primera formación fue en la mentalidad libre y espontánea del jazz. Pienso que la música existe para que todos la escuchen. Los seres humanos tenemos el mismo origen y, por tanto, iguales derechos a la libertad, la paz, a lo bello.... Normalmente, me gusta acercar lo bello de la música a las personas. Suelo hacer conciertos más interactivos con el público: me siento al lado de alguna persona, le tomo la mano, sonrío y/o lloro… Dada la acústica del Oratorio San Felipe Neri, temí alejarme mucho del piano o de Pura Ortiz, porque pensé que podíamos perder sincronía.

En el concierto resultó muy acertado que a
ntes de comenzar su actuación de narró la historia del personaje que iba a representar, lo que atrajo aún más la atención del público. ¿Siempre lo hace?

Sí. Desde muy joven, cuando mi madre tocaba el piano, mentalmente creaba historias relacionadas con el ritmo de la música. Por ejemplo, me imaginaba a una muchacha que caminaba por la orilla del mar y trataba de no tocar el agua. Siempre pienso la música con imágenes. Creo que si las personas comprenden la emoción en la música pueden crear su propio mundo imaginario, y así la música dice algo, transmite una idea, un sentimiento, si no, se convierte en algo frío, superficial...

En los disímiles personajes que encarnó, se pudo apreciar la multiplicidad de sentimientos contrapuestos: tristeza, alegría, euforia, desesperación, odio, pasión, ansias de libertad… ¿Cómo asume transiciones como éstas en los pocos instantes que dura su interpretación?

Te explico: una cosa es el personaje y otra, el artista; es algo que debemos interiorizar. Hay muchos interpretes que toman demasiada distancia de sus personajes, entonces no son creíbles o dejan de transmitir emociones con sus voces; y hay otros que se convierten en personajes. El secreto —que es muy difícil y toma muchos años descubrir— consiste en estar verdaderamente muy cerca de la emoción, sentirla dentro, pero nunca mezclarla con tus sentimientos propios, porque al unir dos emociones
— iguales o diferentes—, puedes perderte en ti misma. Una vez, me sucedió con una historia muy triste y comencé a llorar.  

¿Qué piensa acerca de La Habana?


La Habana es una ciudad antigua y hermosa. Considero que se trabaja mucho en la restauración de su Centro Histórico. Ésta es mi segunda visita a Cuba, pero para mi compañero en la vida, es la número 14. Gracias a él, descubro el progreso de cada año en la renovación de sitios e inmuebles. Los cubanos, en general, y los habaneros, en particular, son muy agradables, simpáticos y solidarios.

Después de haber compartido la escena con la destacada pianista cubana Pura Ortiz, ¿cuáles son sus impresiones sobre el concierto que ofrecieron como parte del programa de la reciente V Semana Belga en el Centro Histórico?

En Europa hay mucha técnica, precisión, pero no se toca con el corazón. Pura es una mujer muy amable y musical. Al compartir con ella, encontré talento y pasión al mismo tiempo. Comprendí enseguida que puede ser que aquí no haya tantos cultores del teatro lírico, porque en la música cubana ustedes tienen su propio ritmo, tan conocido internacionalmente como la ópera. Me sentí muy bien acogida por el público, tanto el cubano como extranjero que asistió. Quisiera que supieran que les agradezco mucho y que pueden contar conmigo para futuras colaboraciones. Creo que la ópera no debe ser tan rígida, como en Europa, sino un poco más apasionada, más «cubana».

Lysbeth Daumont Robles
Bibliotecaria de Vitrina de Valonia.