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«Romántico del siglo XXI, lo que equivale a continuar como postmoderno que no escinde sino unifica», se define este hombre de ideas, uno de los pocos artistas cubanos con renombre universal en vida. Aprovechando el caudal acústico de la guitarra, superó los textos filosóficos en el afán de transmitir que todo es movimiento, cambio, proceso... infinitud en forma de la Espiral eterna. Y si alguna vez le fallaran sus manos, no importa, ya él ha conseguido con su música lo más difícil: hacernos creer que el tiempo es una propiedad humana, la dimensión primaria de nuestra sensibilidad.
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