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La Habana a través de los siglos, volumen que compendia varios trabajos publicados por César García del Pino en revistas nacionales, será presentado el próximo domingo, 17 de febrero, a las 10:00 a.m., en la Calle de Madera de la Plaza de Armas.

César García del Pino, a quien se le otorgará el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas el próximo lunes 18, a las 4:00 p.m., en la Sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de La Cabaña, conversa con Opus Habana a propósito de la presentación de La Habana a través de los siglos, editado por el sello Boloña de la Oficina del Historiador.

Los amantes de la historia y quienes de una u otra manera han sabido acogerse a su vastedad cognoscitiva recibimos con beneplácito, en el último trimestre del recién concluido 2012, la noticia de la concesión del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas a César García del Pino.
El próximo lunes, 18 de febrero, en la sala Nicolás Guillén de la Fortaleza de La Cabaña y como parte del programa de la XXII Feria Internacional del Libro de La Habana, le será concedido el galardón que cada año otorgan los institutos Cubano del Libro y de Investigaciones Culturales Juan Marinello, el Ministerio de Cultura y el Consejo Superior de las Ciencias Sociales y Humanísticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
Una jornada antes, o sea, el próximo domingo 17, en la Calle de Madera de la Plaza de Armas, sede de las presentaciones del sello Boloña —editorial adscrita a la Oficina del Historiador— será presentado el volumen La Habana a través de los siglos de la autoría de César García del Pino. La obra es una compilación de varios artículos que vieron la luz en publicaciones seriadas como Revista Universitaria de La Habana, Revista Santiago, Verde Olivo, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí y Revolución y Cultura.
La Habana a través de los siglos
, como indica su título ofrece una breve pero enriquecedora pincelada historiográfica de la ciudad, sustentada en los matices que caracterizaron momentos tales como el ataque del lumpen Jacques de Sores y sus huestes francesas, el paso de Alonso de Ercilla por la villa de San Cristóbal, la propiedad de la tierra en la urbe, el combate entre las escuadras del inglés Knowles y el español Reggio, la influencia del Real Arsenal habanero en la artesanía citadina, las repercusiones en los seguidores de las corrientes reformista e independentista en los días de Yara, los desencadenantes del fatídico episodio colonial del 27 de noviembre y el naufragio al pie rocoso de El Morro del crucero Sánchez Barcáiztegui.
A propósito de la presentación de La Habana a través de los siglos y de la entrega del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2012, Opus Habana conversa con César García del Pino.

-En la infancia y adolescencia, la lectura de los clásicos de la literatura juvenil despierta y amplía las ansias cognoscitivas, despliega un mundo infinito para la imaginación y los sueños, al tiempo que puede llegar a cimentar vocaciones. ¿Sería descabellado afirmar que la pasión de César García del Pino por la historia nació de aquellas primeras lecturas de la niñez?

En lo absoluto. Pinar del Río o Vuelta Abajo, como prefiero llamarle, es mi tierra natal. Sin embargo, mi estadía en la provincia más occidental de la Isla fue breve, casi efímera, pues aun era un púber cuando nos trasladamos a La Habana, debido en gran medida a que mi padre era ingeniero químico de la planta de hielo de La Tropical.
Luego de transitar por varias zonas de la capital —debo apuntar que mi madre era muy inquieta en este sentido y gustaba de mudarse constantemente— logramos establecernos un buen tiempo en las cercanías al Paseo del Prado. Atesoro con especial cariño recuerdos de mi niñez en la casona de la calle San Lázaro, la cual disponía de cuatro habitaciones flanqueadas por un largo corredor que desembocaba a un espacioso patio. Allí tendía hojas de periódico sobre el suelo, me arrodillaba sobre ellas y me entregaba a interminables horas de lectura.
Aquellas lecturas donde convergían la pluma de Alejandro Dumas, Emilio Salgari y otros destacados escritores, hoy catalogados como literatura juvenil, se complementaban con obras de marcado carácter histórico o épico como El Cantar de Mio Cid o voluminosos tomos de la historia antigua y las leyendas españolas, por tan solo citar unos pocos ejemplos. Lejos estaba de imaginar entonces que todo ello tributaria a mi naciente pasión por la historia.
El valor de los documentos antiguos recogidos en los libros sobre el pasado de España, los cuales escrutaba con una lupa tratando de desentrañar lo enrevesado de la escritura y las abreviaturas caprichosas, años después facilitarían mi formación como paleógrafo en los cursos que promovió Emilio Roig de Leuchsenring y que, sin lugar a dudas, me permitieron desempeñar a cabalidad mi labor investigativa al calor de la consulta de legajos en los archivos de Europa.


-¿Podríamos afirmar que existen nexos indisolubles entre el carácter eminentemente marinero de La Habana y su desvelo por historiar los diferentes procesos sociales de la ciudad, durante los siglos en que ondeó el pabellón español en lo alto del Palacio de los Capitanes Generales?


Ante todo debemos tener presente que habitamos una isla. Nuestra historia se ha forjado por el mar a lo largo de las centurias. Mis primeras investigaciones y obras publicadas se refieren a las guerras de independencia y no precisamente a la historia naval habanera o de Cuba en sentido general. Sin embargo, un buen día me percaté que todo lo que necesitaban las tropas españolas venía por el mar, desde el primer soldado hasta el último pertrecho bélico.
No debemos olvidar las expediciones marítimas mambisas, un tema poco tratado por nuestra historiografía. Era inevitable entonces que me volcara al estudio del valor que tuvieron los procesos marítimos en la causa que se libraba al interior de los campos de Cuba. Es en este período que se publica la Historia de las expediciones mambisas de 1895, la que incluye cuadros estadísticos de lo introducido al país y el peso que ello tuvo en el desarrollo de la contienda: miles de fusiles, cañones, municiones, hasta dos ametralladoras. En mis pesquisas, a una de ellas le seguí el rastro hasta su emplazamiento en las Escaleras de Jaruco.
Fruto de estas investigaciones afloró otro caudal magnífico de información relacionado con el carácter marinero de la ciudad. Desde su fundación al sur, la villa estuvo asociada al mar y a los ríos, ante la necesidad de establecer puertos para los barcos que venían o iban. En su emplazamiento definitivo, en una de las márgenes del Puerto de Carenas, la ciudad pronto alcanzó un gran desarrollo debido exclusivamente a su privilegiada posición geográfica, la cual le concedió por ordenanza la estadía de las flotas de la Carrera de Indias.
Una situación desencadena la otra. Al haber riquezas pronto la urbe habanera es bien apetecida por piratas, corsarios y las potencias europeas enemigas que rivalizaban por un espacio en los mares del Caribe. Estas circunstancias desataron una feroz ofensiva y defensiva marítima que vino aparejada de ataques a las ciudades fortificadas, épicos combates en alta mar, secuestros y rescates.
Algunas de esas historias el lector podrá conocerlas en el volumen La Habana a través de los siglos, entre ellas, la toma de la ciudad por Jacques de Sores, quien dejó tras de sí una estela de destrucción y motivó que desde entonces las autoridades españolas que rigieron los destinos de la Isla fuesen, exclusivamente, militares.
La batalla entre el célebre oficial británico Charles Knowles y la escuadra española que le salió al paso desde la rada habanera, dirigida por Andrés Reggio, es otro de los episodios del pasado marinero de La Habana, el cual demuestra que las diferencias y los conflictos interpotencias de Europa, en múltiples ocasiones, se refrendaban en las aguas caribeñas, como es el caso de este combate que cierra la conocida Guerra del Asiento o de la Oreja de Jenkins.

(Fragmentos de la entrevista realizada por Opus Habana al historiador César García del Pino, la cual se encuentra en proceso editorial).

Fernando Padilla González
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Opus Habana