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De la mano de especialistas del Jardín Botánico Nacional, las familias asistentes pudieron conocer acerca de la relación entre las plantas, el hombre y la ciudad.

Durante los siglos XVII y XVIII, las construcciones habaneras continuaron beneficiándose de las bondades de las maderas cubanas, fundamentalmente utilizadas en las techumbres de las edificaciones y en elementos decorativos de la carpintería de lo blanco.

En la actualidad, a nivel mundial las urbes afrontan una gran problemática: la articulación y la necesidad de espacios verdes. Quizás sea esta otra de las particularidades que distinguen al Centro Histórico de La Habana, que en las últimas décadas ha potenciado la creación y mantenimiento de zonas para el sano esparcimiento basadas en los preceptos de la ecología.
Todo ello fue tangible el miércoles 20 de julio en el Andar por la botánica del Centro Histórico. De la mano y experiencia de varios especialistas del Jardín Botánico Nacional, del Instituto de Ecología y Sistemática y de la Oficina del Historiador, las familias asistentes pudieron conocer acerca de la estrecha relación existente, a lo largo de las centurias, entre las plantas y el hombre.
La villa de San Cristóbal de La Habana —explicó una de las especialistas— estructuró su traza urbana inicial a partir de los bohíos, construidos básicamente de los materiales obtenidos de la palma. Es en 1555 con la toma de la ciudad por el lumpen de la mar Jacques de Sores que la villa debe cambiar su fisonomía, pues las primigenias casas quedaron reducidas a cenizas tras haber prendido fuego a la plaza las huestes piratas.
Durante los siglos XVII y XVIII, las construcciones habaneras continuaron beneficiándose de las bondades de las maderas cubanas, fundamentalmente utilizadas en las techumbres de las edificaciones y en elementos decorativos de la carpintería de lo blanco. Mientras transcurrían los intercambios entre especialistas y público, una voz llamó la atención sobre un aspecto interesante, pues todos se encontraban a la entrada del Museo de la Ciudad, otrora Palacio de los Capitanes Generales y sobre la calle de Madera.
La calle de Madera, sin lugar a dudas una de las pequeñas arterias mas antiguas de La Habana, debe su nombre a los adoquines que la conforman, realizados precisamente en madera. Y si de maderas se habla ¿Cuáles eran las utilizadas entonces en la ciudad? Tomadas de los bosques que circundaban la naciente urbe se encontraban con frecuencia el cedro, el ácana, la caoba, la quiebrahacha…
Sin embargo, estos importantes reductos maderables disminuyeron considerablemente debido a la acción constante de la industria naval, encabezada por el Real Arsenal de La Habana, y la preparación de tierras para la siembra de caña de azúcar y otros cultivos.
Un tema obligado fue la ceiba, árbol de infinito simbolismo para los cubanos, ícono de la ciudad, presente en las cuatro esquinas de la plaza de Armas acompañado de la palma real y en el aledaño Templete, sitio de referencia en el surgimiento de la villa. Cerca de este se alza el Castillo de La Rea Fuerza, construido con piezas de cantería donde crece, desde tiempos inmemoriales, variedades de plantas epilíticas.
De paso por el Museo de Historia Natural, los visitantes pudieron conocer en el Gabinete Curatorial sobre el proceso de recolección en el campo de especímenes de la flora, los medios para su transportación, su estudio y catalogación, y finalmente la metodología para su exhibición al público en museos. El recorrido contempló además, la visita a los espacios de vegetación de las otras plazas del Centro Histórico, donde se pueden apreciar exponentes vivos y raros de nuestra botánica. Sirva pues, iniciativas como estas para incentivar el conocimiento y cuidado de la naturaleza.



La Plaza de Armas (imagen superior) presenta en sus jardines dos exponentes de la botánica cubana: la ceiba y la palma real. A la izquierda, el público asistente al andar en la calle de Madera. A la derecha, una de las especialistas aborda la temática de las plantas epilíticas, o sea las que crecen en la piedra de las edificaciones más antiguas de la ciudad.

Redacción Opus Habana