Durante todo el verano, en la sala transitoria del Museo de Arte Colonial (Oficina del Historiador) podrán apreciarse obras de una pintora autodidacta, en quien la falta de estudios artísticos no le imposibilitó la creación de un atractivo universo visual, provisto de sensualidades. La muestra «Jugando con el silencio» da fe de ello.
Podría decirse que cada cuadro de Marilyn Domínguez Basail carece de referentes, dada su originalidad desprovista de afinidades con otras obras de arte. Sus pinturas brindan una panorámica de sueños y recuerdos de sus años infantiles.

 La galería puede ser un espacio eminentemente para el deleite. Sucede cuando en ella concurre una propuesta artística de suavidad, poco influenciada de las mil maneras de hacer arte hoy día. No olvidar además la condición misma del creador: estudiado o autodidacta.
Detenernos frente a la obra de un creador autodidacta puede causar asombro e interés. Lo común en estos casos es que se haga uso del pincel como instrumento básico. Sin embargo, Marilyn Domínguez Basail (Villa Clara, 1952) lo utiliza de una forma tal que logra sorprendernos con un universo visual, evocador de gratas sensaciones. Simples formas de nuestras vidas, ya sean animadas o inertes, adquieren una integración óptima en sus cuadros. Esta exposición posibilita a los visitantes, el disfrutar de cerca la gracia de los originales con la intención de impedir el pase «de gato por liebre» del célebre refrán.
 La obra de Domínguez Basail goza de una exquisita fantasía que puede ser incluso catalogada... pero es mejor el disfrute al razonamiento. Vale más apreciarla que hablar de ella. Mejor es sentirla. Suficientes son las claves que nos permiten una operación así. Dichosa la artista, afortunada la autodidacta, dirían algunos. Sus pinceles son la prolongación de sus ideales.
Sobrellevar el ejercicio de la creación, sacando de sí lo mejor, constituye la variable común de muchos artistas. Disparatado sería si no se hiciera con las obras de esta artista, que forman parte de la muestra «Jugando con el silencio» (Museo de Arte Colonial, julio-agosto, 2005).
Por consiguiente, sus telas pintadas brindan una panorámica de sueños y recuerdos de estreno en un orden formal. Obras así requiere nuestro arte, es verdad que un poco hedonistas, y carentes eso sí, de concepciones de avanzadas. No importa, la diversidad nos caracteriza.
La forma en que Domínguez Basail escoge para sus imágenes cromáticas, admite clasificaciones útiles o inoperantes. Son maneras para identificar un estilo... mucho  mejor es estar en complicidad con la mirada desprejuiciada, esa que deleita a la percepción.
La artista tiene el tiempo a su favor para crear. Hace bastante poco de su primera incursión por pintar. Hagámonos eco del catálogo preparado para esta ocasión: «En 1972 se vincula al mundo del arte cuando comienza a trabajar como modelo vivo en la Academia de San Alejandro, realizando también este trabajo en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y en el Instituto Superior de Arte (ISA) desde su fundación. Atraída por las artes plásticas, toma el pincel y la paleta, aún sin cursar estudios profesionales, y comienza su trabajo de pintura en el año 2003, inspirado en sus recuerdos infantiles». Exacto, tenemos en ella más que un «modelo vivo», o lo que es igual, más que una musa.

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