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 Carismático y gentil, el arquitecto Jean Nouvel dejó una aura de creatividad a su paso por la capital cubana donde inauguró una muestra sobre su monumental obra, recibió el título Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte, e intercambió con colegas en la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) momentos antes de partir el mismo miércoles 29.
Al explicar cada uno de sus proyectos expuestos fotográficamente en el Centro Hispanoamericano de Cultura, Nouvel defendió la idea de poner en consonancia a la arquitectura con la historia...

{mosimage}Si durante un mes la IX Bienal de La Habana resulta una fiesta para los amantes y cultores de las artes plásticas de Cuba y de otras partes del mundo, el encuentro con la figura y obra de Jean Nouvel adquirió categoría de festival de la imagen y la palabra para arquitectos y seguidores –y hasta para los neófitos en la materia– de este carismático francés, quien confesó su emoción al contemplar lo alcanzado en la restauración del Centro Histórico de la capital cubana.
Ocurrió en presencia del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, durante la tarde del martes 28 de marzo, en el Centro Hispanoamericano de Cultura –«un lugar espléndido, con cuyo exterior tanto me ha tocado», al decir de Nouvel– donde se exhibe una amplia documentación de su colosal trayectoria creativa que, entre otras, incluye la Torre Agbar (Barcelona, 2005), la ampliación del Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía (Madrid, 2005) y el Instituto del Mundo Árabe (París, 1987).
Ocupando una superficie de unos 30 por 10 metros, las inmensas pancartas logran el objetivo que se propuso este artista: «saturar el lugar con mi trabajo, que no es por fuerza conocido». En el piso, el «Manifiesto de Louisiana» que, escrito por él en 2005, es un interesante y hermoso texto en el que expone sus puntos de vista «sobre un asunto teórico de la arquitectura actual: la diferencia y oposición entre la arquitectura genérica y de estilo».
Es imposible obviar «la materia urbana. Para mí, la arquitectura contemporánea debe dar valor al contexto», sostuvo.
{mosimage}Según su apreciación, «es formidable contemplar que cada ciudad tiene su propia identidad y reafirmar que nuestro patrimonio es la sucesión de identidades. Eso es lo que está en peligro hoy en día con lo que yo he dado en llamar lo genérico». Porque, en su opinión la arquitectura traduce simplemente lo que los hombres tienen en el corazón y en la mente.
Al explicar cada uno de sus proyectos, este merecedor en 1987 del Grand Prix d'Architecture defendió la idea de poner en consonancia a la arquitectura con la historia, anclada en las emociones. «La arquitectura es la petrificación de un momento de la cultura, por lo que, si una nación existe a través de su cultura esta va a traducirse en su arquitectura la cual debe dar testimonio de una época».
Luego del recorrido por el amplio recinto, detallando incluso aquellos proyectos que no pudo llevar a cabo –«aunque nunca quise ser un arquitecto de papel»– y seguido por un numeroso público, en su gran mayoría arquitectos cubanos, Nouvel tuvo un aparte con los periodistas. Amable, risueño y locuaz, respondió varias preguntas y reiteró frases proféticas. «La arquitectura funciona con un solo combustible: la pasión»; «el arquitecto es alguien que tiene la mente o la cabeza en las estrellas y los pies en el lodo»; «la ciudad no es un museo»...
A partir de estos conceptos y en respuesta a una pregunta de Opus Habana, valoró «el esfuerzo enorme realizado para restaurar, en momentos difíciles, el Centro Histórico de La Habana Vieja». Significó que se ha llevado a cabo con sus vecinos en el interior, algo que, precisó, no sucede en la mayoría de las ciudades europeas. «Allí se hace salir a los habitantes originales, se reconstruyen las fachadas y no se sabe siquiera qué está pasando detrás. Y con eso la ciudad pierde el alma».{mosimage}Si hay una ciudad inspiradora, ésa, dijo, es La Habana. Al explicar esta idea, precisó que como toda urbe histórica que ha contenido tantas vidas en contraste, La Habana ha logrado petrificar los momentos en la historia. «Vean el Centro Histórico sobre todo, pero vean también la arquitectura de los años 50 y ese diálogo que se establece entre la historia más antigua de la ciudad y la moderna, lo que trae consigo consecuencias inauditas y únicas». En ese sentido, rememoró su estancia en el Jardín Botánico lugar que catalogó de extraordinario por la relación del clima, la vegetación... Es algo extraordinaria».
Al retomar el tema de la restauración de La Habana Vieja, dijo que tuvo la oportunidad de visitarla con Leal, «un tremendo conductor y guía». En esta oportunidad pudo notar y conocer lugares que no había visto antes en 1999 durante su primer viaje a Cuba. Reiteró su emoción al constatar hasta qué punto la ciudad está viva, alerta... cómo mantiene su vitalidad y su colorido.
A juicio de Nouvel, la relación entre las artes plásticas y la arquitectura siempre es actual. El siglo XX trató de romper en alguna medida ese nexo, pero creo que el arte hay que integrarlo a la arquitectura y no dejarlo únicamente en los museos. «Es muy bueno cuando el arte forma parte de la ciudad a través de la arquitectura». Por eso, explicó, trato de usar materiales artísticos en la arquitectura. Ejemplificó con la fotografía que él utiliza como elemento arquitectónico, algo que, en su opinión, no se ve muy a menudo.
En cuanto a su presencia y participación con esta muestra, instalada en el Centro Hispanoamericano de Cultura como parte de la IX Bienal de La Habana y en qué medida esta estancia puede enriquecer su vida y su obra comentó en tono pícaro y jocoso: «Los viajes forman a la juventud, pero esto se cumple hasta una edad bastante avanzada».