Imprimir
Visto: 3523

Con prolongados aplausos fue acogida por el público de la Basílica Menor de San Francisco de Asís la primera presentación en concierto de obras de Cayetano Pagueras y Juan Paris. El próximo jueves 27 de junio a las 6:00pm, en este mismo escenario, tendrá lugar la segunda parte de este concierto único.

El segundo concierto, previsto para el jueves 27 de junio, conlleva la primera audición en Cuba de la Misa en re mayor y Alleluja. Dominus regnavit decorem de Cayetano Pagueras, que se conservan en la Catedral de Puebla de los Ángeles, México, y de cuatro villancicos de Juan Paris de la Catedral de Santiago de Cuba.


El intercambio entre músicos y músicas por el Nuevo Mundo es un interesante punto de partida para la restauración de nuestra historia cultural, en especial, el trasiego de obras y documentos motivado por la composición musical para el ornato de misas y oficios del culto católico. Es el caso de la creación musical de Cayetano Pagueras (Barcelona, siglo XVIII-La Habana?, siglo XIX) y Juan Paris (Cataluña, ca. 1759-Santiago de Cuba, 1845), catalanes ambos, radicados en Cuba entre finales del setecientos y las primeras décadas de la siguiente centuria, quienes legaron a Cuba algunas de las más preciosas y antiguas obras de nuestro patrimonio musical.
Pagueras residía en La Habana desde antes de 1778 y procuró colocarse infructuosamente, al menos en dos ocasiones, como maestro de capilla de la Catedral de Puebla de los Ángeles, Nueva España, hoy México, donde se conservan sus únicas obras autógrafas. Vinculado desde 1795 a la Catedral de La Habana —aunque solo consiguió ocupar la plaza de contralto—, su actividad compositiva alcanza más de 80 títulos. De ellos han sobrevivido 19 piezas localizadas en fondos eclesiásticos de Cuba y México, mayormente arregladas y transformadas por otros músicos, lo que nos presenta un reto a la hora de realizar transcripciones e interpretaciones históricamente informadas.
En concierto, escucharemos obras del repertorio de Semana Santa (Pueri Hebræorum, Gloria, laus et honor, Vexilla Regis) que acompañaron los oficios de la Catedral de La Habana hacia 1796 y que aún seguían en uso un siglo después, en 1891, escritas para voces y fagot con recursos tímbricos mínimos, como corresponde a las regulaciones de ese tiempo litúrgico. El Domingo de Resurrección de 1798, en la hora de maitines, también fueron entonados dos responsorios de Pagueras (Angelus Domini descendit y Cum transisset Sabbatum). No sabemos qué instrumentos acompañaron esos cantos en aquel entonces, pues Francisco de Asís Martínez, maestro de capilla de la Catedral de La Habana en 1868, los modificó al gusto de la época (según consta en la portada del manuscrito), pero tampoco se conserva su arreglo, sino una copia de Narciso Aguabella, quien fuera organista de ese templo catedralicio en 1889. Lo mismo sucede con el gradual Nunc dimittis, la Misa de Difuntos y la gran Misa en re mayor, esta última copiada por el músico mexicano José Cataño en 1817 para la Catedral de México. De ahí que la elección del instrumentario históricamente adecuado para la interpretación de las obras de Pagueras posee una amplia gama de soluciones.
En general, el estilo de las obras orquestales se halla en concordancia con los recursos expresivos del clasicismo, estética musical que aborda la orquesta del Instituto Superior de Arte —adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana— conducida por José Antonio Méndez, especializada en la difusión de obras de ese período, para el cual se requieren instrumentos históricos que aún no tenemos en Cuba como el fagot y oboes clásicos, cornos naturales, entre otros. En cambio, han sido empleadas dos flautas de madera, una de sistema Frederich Boie y otra sistema Heinrich Grenser (Colección Museo Nacional de la Música de La Habana), instrumentos típicos de las agrupaciones cubanas decimonónicas que contribuyen a remedar el color tímbrico de esa época.
En el ámbito vocal han sido imprescindibles las voces masculinas de Sine Nomine, las cuales reproducen las tesituras que se empleaban en las catedrales de Cuba y, en especial, las requeridas para una obra excepcional, la Misa de primer tono en canto llano mensural, copiada en un cantoral de pergamino que fuera del Convento de Belén, donde Cayetano Pagueras fue organista en tiempos de los padres Bethlemitas, hasta 1814, cuando se pierde su pista.
Otro catalán, Juan Paris —sucesor de Esteban Salas (La Habana, 1725-Santiago de Cuba, 1803)—, ostentó el puesto de maestro de capilla de la Catedral de Santiago de Cuba entre 1805 y 1845. Tiempo ha le fue negada la difusión de su música cuando se hacía distinciones entre criollos y peninsulares, olvidando que su labor de 40 años le había dado de hecho y por derecho la ciudadanía de Santiago de Cuba. Hasta hoy no hemos escuchado sus villancicos, los cuales tuvieron la oposición de sus contemporáneos, quienes calificaban a Paris como compositor «Teatral de Fortepiano», y en efecto, en un manuscrito consta el uso del fortepiano como instrumento de acompañamiento en lugar del órgano. Maestro en la composición de recitados y arias acordes con el arte lírico de su época, Paris dedicó villancicos a la Calenda para el anuncio del Nacimiento de Jesucristo y a los tres nocturnos de Maitines de Navidad. Son esas, por lo general, extensas obras en las que alternan estructuras tomadas del villancico tradicional (con estribillo y coplas) y las partes de la cantada (recitados, arias da capo, aria de pastorela), hibridación propia de finales del XVIII y principios del XIX. A veces comienzan con largas introducciones instrumentales que, a modo de Obertura, dan fe de un pensamiento «sinfónico», el cual parece haber penetrado en la Catedral de Santiago de Cuba a propósito de la actividad compositiva de Paris, evidente además en la incorporación de la viola para completar el cuarteto de cuerdas que nunca llegó a emplearse en tiempos de Esteban Salas, aun cuando se conoce que este último copió el Stabat Mater de Haydn.
Con la irrupción de la denominada Guerra de Independencia en España contra la invasión napoleónica en 1808, los territorios de las américas españolas se vieron sensiblemente perturbados, incluida la isla de Cuba. Ese período de apogeo político particularmente complejo, que se extendió hasta 1814, fue uno de los tantos que le tocara vivir a Paris en Santiago de Cuba en el lapsus de los 40 años de su maestría de capilla. Por esta razón, los villancicos que corresponden a esas fechas manifiestan un tono más tenso en el discurso musical y textual, reflejo del ambiente bélico que estremecía a la isla y sus habitantes como «españoles de ultramar».        
Nuestras investigaciones sobre Cayetano Pagueras, el más antiguo músico del que se conservan partituras en La Habana, y sobre Juan Paris, el reformador de la tímbrica instrumental en Santiago de Cuba, cuentan ya con tres libros dedicados al estudio de esas figuras, que el Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, a partir del escrutinio de fuentes documentales relativas al hecho musical y de la enseñanza patrimonial de la música, quiere devolver hoy a la memoria colectiva. Es este un proyecto en el que también participan instituciones que creen en el valor del arte como embajador de la cultura. Son el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, la Universidad de Valladolid, España; la Comisión Europea, el Instituto Superior de Arte, el Lyceum Mozartiano de La Habana, el Centro Nacional de la Música de Concierto y los sellos discográficos Colibrí, del Instituto Cubano de la Música, y La Ceiba, de la Emisora Habana Radio.



El concierto Cayetano Pagueras y Juan Paris, músicos catedralicios de Cuba, siglos XVIII y XIX fue protagonizado por la Camerata Vocale Sine Nomine que dirige Leonor Suárez y la Orquesta del Instituto Superior de Arte adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana que conduce José Antonio Méndez.

Miriam Escudero y Claudia Fallarero
musicólogas
Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas