Al estudiar y describir nuevas especies cubanas, así como contribuir con sus conocimientos a la experimentación agronómica, este eminente entomólogo italiano dejó tras su paso una estela de respeto y solidaridad que aún se recuerda en la Isla.
La estancia en la Isla de este entomólogo italiano fue rica en encuentros, localidades visitadas y hallazgos biológicos.

 Del 27 de septiembre al 18 de octubre de 1928, visitó Cuba una de las figuras más reconocidas internacionalmente en el campo de la entomología: el científico italiano Filippo Silvestri (1873-1949).
Venía procedente de la ciudad norteamericana de Ithaca, donde había participado —en representación de su país— en el Congreso Internacional de Entomología, celebrado entre el 11 y el 17 de agosto de ese mismo año, tras lo cual había hecho un largo recorrido por Estados Unidos.
Luego de su estancia en Cuba continuaría viaje hacia Islas Canarias. Permanecería allí hasta el 7 de noviembre, para finalizar de esta manera un periplo de tres meses que incluyó cuatro travesías marítimas, iniciadas en Nápoles y finalizadas en ese mismo puerto.
Su estancia en Cuba, comentada ampliamente en su diario personal —publicado de manera póstuma en 1959—, fue rica en encuentros, localidades visitadas y hallazgos biológicos. Al dejar la Isla, confesaría que «si hubiera dependido de él, se hubiese quedado por lo menos otro mes más». Pero debía regresar rápidamente a Italia donde lo esperaban las obligaciones del programa de actividades correspondientes al año lectivo de su cátedra en la Universidad de Nápoles.
La llegada de Silvestri a tierra cubana tuvo mucha repercusión en la Isla. Los periódicos de la época publicaron fotos y artículos con titulares tales como: «Llegó el descubridor de la mosca prieta», «Un profesor de agricultura en Santiago de las Vegas», «El profesor Silvestri, en agricultura», «Instantáneas del puerto»...
El científico residió principalmente en La Habana y, en particular, en la Estación Agronómica Experimental de Santiago de Las Vegas (en la actualidad, Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical).
Acompañado del entomólogo norteamericano Stephen Cole Bruner, pudo visitar también Santiago de Cuba, Camagüey, Baraguá, Ciego de Ávila, Cienfuegos y Matanzas.
Como parte de la zoología que se ocupa de los insectos, la entomología agraria fue el campo al que Silvestri dedicó la mayor parte de su labor investigativa y donde consiguió sus principales resultados científicos, aportando importantes beneficios a la Humanidad.
Por supuesto, sus estudios entomológicos no se restringían tan sólo a las especies relacionadas con la agricultura, puesto que el mundo de los artrópodos es inmenso y, como sistema único, debe ser investigado de manera general.
De ahí que aprovechara su estancia en suelo cubano para visitar —entre otras— las famosas Cuevas de Bellamar, que representaron para él un espectáculo estupendo y en las cuales no perdió ocasión de recoger artrópodos cavernícolas, especímenes muy singulares por su adaptación a las severas condiciones de dicho hábitat.
A partir de su visita a Cuba, el nombre de Silvestri quedó vinculado para siempre con este país, al descubrir para la ciencia —y en parte también describir— varias especies autóctonas, así como contribuir con éxito a la introducción de determinadas técnicas de lucha biológica, necesarias para el desarrollo de la agricultura.
Una prueba de ello es que en el archivo de la Universidad de Portici aún se conserva el borrador de una carta de Silvestri —del 16 de diciembre de 1933— al profesor cubano Guillermo Aguayo, a quien conociera durante su estancia en la Isla.

LOS DÍAS CUBANOS
En el número correspondiente a enero de 1928 de la Revista de Agricultura, Comercio y Trabajo, aparece un artículo de Bruner sobre los parásitos de la mosca prieta descubiertos por Silvestri en sus entonces recientes viajes por países del Lejano Oriente (Indochina, China, Ceilán, Singapur...)
El autor reproduce también una carta de Silvestri al profesor J. Fid. Tristán, de San Juan de Costa Rica, relacionada con dicho tema, en ese momento de gran actualidad por su importancia para la producción de diversos cultivos vitales en toda el área del Caribe y América Central.
Independientemente del artículo de Bruner, hacia la primera mitad de 1928, ya se habían evaluado las posibilidades y conveniencias de introducir en Cuba los parásitos descubiertos por Silvestri, con el objetivo de contrarrestar la plaga de la mosca prieta, difundida por todo el país.
 Al respecto, se había producido un intercambio epistolar entre el italiano Mario Calvino —a la sazón, director desde 1917 hasta 1924 de la Estación Agronómica Experimental de Santiago de las Vegas, y quien ya para entonces había regresado a su país natal— y su amigo, el doctor Eugenio Molinet, recién nombrado ministro de Agricultura.
En fin, con fecha 28 de junio y a sugerencia de Calvino, el propio Silvestri le escribe al ministro cubano para ponerlo al tanto —muy sucintamente— de la función biológica de los parásitos de referencia, a la vez que acompaña la misiva con ejemplares de sus publicaciones al respecto.
Para entonces, a Silvestri se le había presentado la oportunidad de representar oficialmente a Italia en el Congreso Internacional de Entomología que se celebraría en Ithaca, Estados Unidos, en agosto de ese mismo año. De inmediato, toma la decisión de participar en este evento, supongo que también porque le daría la oportunidad de extender su viaje hasta Cuba.
¿Esperaba Silvestri una invitación de las autoridades cubanas? Posiblemente, pero la realidad es que no se produjo. De todos modos, decide aprovechar el viaje a los Estados Unidos para pasar por Cuba. Seguramente lo hace por razones científicas, porque este país le interesa como otros tantos lugares del planeta que no ha visitado aún, o quizás más. De hecho, en la misiva que envía al ministro Molinet, casi se «autoinvita» a echarle un vistazo a la situación de la plaga de la mosca prieta en la Isla.
Cuando desembarca en el puerto habanero, no hay nadie esperándolo en el muelle. Pero están presentes allí unos periodistas que dialogan con él y publican al día siguiente sus declaraciones, ilustradas con fotografías.
Veamos ahora, en apretada síntesis, cómo se desarrolla la visita del ilustre entomólogo en tierra cubana.
Tras su arribo, el 27 de septiembre de 1928, Silvestri se aloja en el hotel Royal Palm. La mañana siguiente se traslada a la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, donde es recibido por el entomólogo Stephen Cole Bruner. En compañía de éste visita el Laboratorio de Zoología de la Universidad de La Habana, y allí se encuentra con el profesor Guillermo Aguayo.
Días después, comienza a realizar observaciones en los cultivos de cítricos y los platanales, sin olvidar otros frutales y plantas diversas tales como mangos, ficus, café... Aunque estas observaciones se dirigen particularmente a los parásitos de la agricultura y a sus enemigos naturales, el científico recoge también ejemplares de diversas especies de artrópodos dondequiera que se le presenta la oportunidad.
El primero de octubre es recibido por el ministro de Agricultura, doctor Eugenio E. Molinet, quien se interesa mucho por conocer los avances científicos en la lucha contra la mosca prieta de los cítricos, cuyos daños eran de temer no sólo en ese tipo de frutales, sino para la agricultura en general.  Con nombre científico de Aleurocanthus woglumi, se trata de un insecto hemíptero de pocos milímetros de largo, alado, cuyas larvas —a menudo infestantes— succionan la linfa de las hojas, y ocupan en gran número la cara inferior de éstas.
Silvestri había realizado importantes descubrimientos en algunas regiones tropicales del Pacífico (Sumatra, Malasia, Java...) que apuntaban al reconocimiento y empleo de otros insectos parásitos, especialmente himenópteros, que —al ser enemigos naturales de dicha mosca— podían usarse para controlarla en los cultivos.
Y fue precisamente en Cuba, donde la plaga se había detectado ya en 1916, que comenzó a aplicarse un programa semejante —de lucha biológica— contra la mosca prieta, en abril de 1930.
Consistía en importar jóvenes plantas de mango nacidas en el área del Pacífico e infectadas —a su vez— por esas especies exterminadoras de la mosca prieta, entre ellas la Eretmocerus serius, descrita por Silvestri en 1927.
De modo que Cuba resultó pionera de esas técnicas en la región y, en vista de su éxito, el insecto arriba mencionado fue introducido en Haití, Bahamas y Panamá, en 1931; en Jamaica (1932); en Costa Rica (1933-1934), y en México (1938), entre otros países.
Además de las investigaciones biológicas, se sabe por su diario que —guiado y acompañado por Bruner— Silvestri aprovecha la oportunidad para visitar La Habana, recorrer sus calles, admirar sus paisajes y edificios, en fin, acercarse al espíritu habanero.
Tiene oportunidad de encontrarse con varias personas que desempeñan importantes cargos gubernamentales vinculados con la Agricultura, como José T. Pimentel, secretario de Agricultura, y Sánchez Estrada, jefe de Sanidad Vegetal.
Cuando visita al profesor Aguayo en el Laboratorio de Zoología, el entomólogo italiano puede apreciar la magnificencia arquitectónica de la Universidad de La Habana, con sus distintos edificios, separados por amplias calles y bellos jardines.
La noche del 2 de octubre, siempre en compañía de Bruner, parte en tren rumbo a Santiago de Cuba, adonde llegan a la mañana siguiente. Se alojan en el hotel Casa Granda, acogidos por el señor Villanón, inspector de Estadística Agraria. Permanecen hasta el día 7 en esa ciudad y sus alrededores, incluido El Cobre y su Santuario. Naturalmente, son también días de trabajo, observando y recogiendo material, con un interés especial en la mosca prieta y sus enemigos naturales autóctonos.
El interés de Silvestri durante su estancia cubana se dirige principalmente hacia los cultivos de cítricos, pero sin descuidar el plátano, el mango y la caña de azúcar, de cuyos parásitos no cesa de recoger muestras.
El 7 de octubre emprende con Bruner el viaje de regreso a La Habana, haciendo sucesivas paradas para realizar observaciones: en Camagüey, donde visitan los cultivos de cítricos de la Escuela de Agricultura, y en Baraguá, donde son esperados por los entomólogos Stal y Plank de la Estación Experimental.
El día siguiente, visitan la Cuba Sugar Club Experimental Station en Ciego de Avila, efectúan recorridos por los naranjales de Ruspoli, y se desplazan hasta Santa Clara y Cienfuegos.
En este último sitio, recorren el 9 de octubre los cañaverales de la compañía Soledad y el laboratorio de la Universidad de Harvard, cuyo director era el profesor Wheeler, quien contaba con la colaboración del profesor Barbour. Luego, prosiguen camino hasta La Habana.
Ya de nuevo en la capital, alojado en el hotel Royal Palm, Silvestri sigue recogiendo y hallando material interesante. Así, por ejemplo, el día 10 anota en su diario: «Busqué hasta las 18:00 horas bajo las piedras y sobre la tierra y encontré por primera vez gordos Rhinocrius, un Japyx grande y 2 Nicoletia grandes. Quedé contento con las colectas».
El italiano se familiariza rápidamente con los alrededores de Santiago de las Vegas, al punto que —solo, o en compañía de Bruner— visita tres veces las lomas de Guanajay, las cuales le resultaron bastante atractivas, por lo visto.
En este período, Silvestri se reúne nuevamente con el Ministro de Agricultura, quien le propone que dicte una conferencia, la cual —sin embargo— no llega a organizarse por falta de tiempo.
El día 16, estando en un platanal de Santiago de las Vegas, pierde un cuchillo, obsequio de su padre. Lo busca afanosamente, pero no lo encuentra, y escribe en su diario: «A las 17 me di cuenta de que había extraviado el cuchillo que me había regalado mi pobre padre y eso me produjo un gran dolor. Lo busqué inútilmente, de manera que este día, que había transcurrido tan bien en cuanto a colecta, quedé muy triste por la pérdida de tan queridísimo recuerdo».
El 17 de octubre, él y Bruner viajan a Matanzas y efectúan la ya mencionada visita a las Cuevas de Bellamar, una parte de las cuales se hallaba abierta al público en aquel entonces. Le encantó a Silvestri el sistema cársico matancero por su amplitud, riqueza y belleza de sus formaciones calcáreas, además del interesante material biológico que pudo recoger allí.
Al día siguiente, 18 de octubre, Silvestri toma en el puerto de La Habana el vapor Seydlitz, con destino a Tenerife.
Puede uno imaginar la alegría experimentada por ese notable y —a la vez, sencillo— hombre de ciencias, cuando días más tarde, al llegar a Italia, se encontró con una carta de Bruner en la cual le informaba ¡que su querido cuchillo había sido hallado!

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