De San Antonio nos hablan estas líneas, santo privilegiado que en la corte celestial tiene por lo menos dos millones de veces más partidos entre las mujeres y, principalmente, entre las muchachas.

Uno de los méritos de San Antonio es la rapidez con que concede las gracias que se le piden, y la libertad que pueden tomarse, o se toman, sus devotas, para obligarle a que acceda a sus ruegos.

No puede negarse que entre los santos, al igual que entre los míseros pecadores, hay unos que nacen con buena estrella y otros, en cambio, estrellados.
 Lo cual nos prueba, que la igualdad —eterna preocupación del hombre en la tierra— no se encuentra… ni aun en la corte celestial.
Y, si no, a las pruebas me remito: ¿no creen ustedes que es diversa la suerte de San Alfonso, San Pío o San Guillermo y la que tiene, por ejemplo, San Simón? Mientras los primeros ven usados sus nombres por reyes y papas, el último tiene que conformarse con ser patrono de nuestros primos los monos; y, menos mal que, a última hora, ha encontrado un tocayo, que aunque algo fúnebre, se ha hecho famoso: Simón, el enterrador.
Y, ¿qué me dicen ustedes de los pobrecitos San Mateo, San Cornelio y Santa Restituta?
Pero hay, en cambio, un santo que puede, sin disputa alguna, afirmar que es el más afortunado de todos los súbditos del Reino de los Cielos: el pillín de San Antonio de Padua.
Ríanse ustedes de D. Juan Tenorio y de todos los tenorios y burladores más o menos auténticos que padecemos en nuestra patria, tierra de guapos y conquistadores.
San Antonio tiene dos millones de veces, por lo menos, más partidos que todos ellos, entre las mujeres, y, principalmente, entre las muchachas.
Y, no se concibe, que en el cuarto coquetón y alegre de una joven soltera, junto a la camita, toda blanca, adornada con cintas y encajes y perfumada con ese olor fresco y voluptuoso de virgen adolescente, falte el cuadro o la estatuita de San Antonio.
Y hacia él van, ¡oh Santo afortunado!, las primeras miradas y las primeras palabras de la joven, cuando al despertarse, ya bien entrada la mañana, abre sus ojos, y, medio desnuda, de rodillas sobre la misma cama, se santigua y reza sus oraciones, pensando tal vez en el joven que la tarde anterior vio cruzar por frente a su ventana y con el que ha soñado durante la noche; y pide al Santo, con fervor ingenuo, mientras se arregla inconscientemente un mechón de su melena garzona, que le cae sobre los ojos, le conceda pronto un novio como aquel que, no hace aún mucho turbó su sueño.
Además de tener en su habitación la imagen del Santo, es casi seguro que la joven lleve también, colgada al pecho, una medalla con la efigie de tan bendito patrono.
Todas las noches, al acostarse, le reza al Santo su Responsorio, Oración Especial, y le pide las gracias y mercedes que desea alcanzar, punto este último sobre el que hablaremos enseguida. Los martes de cada semana y los días «13» de cada mes, como consagrados al bendito fraile, acuden muy temprano sus bellas devotas a la Iglesia para oírle allí su misa y pedirle mercedes.
Existen por último como devociones mayores, los Trece Martes y el Pan. Uno de los méritos de San Antonio es la rapidez con que concede las gracias que se le piden, y la libertad que pueden tomarse, o se toman, sus devotas, para obligarle a que acceda a sus ruegos.
Sobre esto, he visto más de una escena curiosísima.
Conozco cierta muchacha que le pidió una vez a San Antonio se le declarase un joven que, desde hacía tiempo, venía enamorándola; parece que el Santo no anduvo muy listo en concederle lo que ella deseaba, y, ¿saben ustedes lo que hizo?, pues cogió una estatua que tenía de él, la amarró por los pies a una de las patas de su cama y la metió de cabeza en una cuba con agua. Resultado: que a la semana, la muchacha tenía novio. Parece que San Antonio no quiso permanecer más tiempo dentro del agua, por miedo a un resfriado.
Este sistema, aunque generalmente es eficaz, suele, sin embargo, dar resultados funestos. Sé de un caso en que San Antonio se negó rotundamente a acceder a toda clase de súplica, y su devota se encontró, a los tres días, al Santo, que, según parece era de pasta, ¡completamente disuelto en el agua!...
Acostumbraban también las muchachas, robarle el Santo a otra persona, o, al que ellas tienen, quitarle el Niño Jesús y no entregárselo hasta obtener lo que desean…

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¡Oh San Antonio bendito!, si a veces tienes que sufrir de tus devotas todas esas crueldades, no debes por ello considerarte desgraciado, porque hay, en cambio, infinidad de muchachas que emplean contigo otros medios más persuasivos y menos dolorosos, como son las caricias y los besos. Y ¿quién no se rinde ante ellos?
¡Oh San Antonio bendito! ¡Cuán afortunado eres y cómo te envidio a veces!
Emilio Roig de Leuchsenring
Historiador de la Ciudad desde 1935 hasta su deceso en 1964

Artículo de costumbres publicado en Carteles [La Habana], vol. 7, nº 33, pág. 6; diciembre 14 de 1924.

Comentarios   

Irene
0 #3 Irene 08-04-2014 19:43
baya menra de conseguir un milagro; tendria que probarlo para compartir el comentario con todos uds.
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Irene
0 #2 Irene 08-04-2014 19:40
Baya que sorpresa enterarme como consegui un favor de un santo, pero me pregunto como le devuelven el niño si aveces esta pegado. Tendria que probarlo para compartir un comentario con ustedes.
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Jessica
0 #1 Jessica 24-09-2010 14:23
Hola, escribo desde españa. me gustaria conocer la oracion especial de San Antonio, ya que es al unico santo que pongo velas, no conocia que los martes y los 13 fuera su dia, asique me gustaria orarle especialmente esos dias. Un saludo y gracias por este blog. ;)
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