Regida por seglares en 1758, la capilla de la Orden Tercera ha sido transformada interiormente en un teatro para niños discapacitados. De esta manera, culmina el rescate y refuncionalización cultural de uno de los más imponentes inmuebles patrimoniales de La Habana Vieja.
Acometida desde 1994 por la Oficina del Historiador, la larga y singular tarea de intervenir constructivamente en el antiguo Convento de San Francisco de Asís parece haber llegado a su fin con la restauración de la capilla de la Orden Tercera.

{mosimage}Fundado en 1575 al borde del litoral portuario en la villa de San Cristóbal de La Habana, el después extenso y espléndido Convento de San Francisco de Asís fue fiel exponente de la trayectoria de la Orden Franciscana en América, ya que en la licencia del Cabildo habanero para su instalación se indica su responsabilidad futura en la evangelización del continente.
La primera y modesta fábrica fue demolida en 1719 y sustituida por la actual, terminada en 1738, exponente antológico de la arquitectura colonial cubana, de un contenido estilo barroco de influencia herreriana. Su construcción la llevó a cabo, como era frecuente, un miembro habanero de la propia orden, fray Juan Romero, mientras que la torre –la más alta de la ciudad en su época– pertenece al arquitecto José Arcés.1
Con rango de basílica menor –adjunta en su tiempo a la Basílica San Giovanni Laterano en Roma– fue consagrada la nueva iglesia en 1739 por el obispo franciscano Juan Luis Lazo de la Vega y Cancino.
Hombres de la importancia histórica de fray Junípero Serra y san Francisco Solano habitaron temporalmente las celdas del primer claustro –claustro norte– y dieron prestigio a la Orden Primera u Orden masculina.
La celebridad adquirida por el convento2 y la Orden Primera hizo que la plaza lateral llevara su nombre y hasta hoy sea conocida como Plaza de San Francisco, independiente de su función aduanera y comercial durante la colonia y comienzos de la República, actividades agresivas que aconsejaron el traslado de la Fuente de los Leones.3

ORDEN SEGUNDA FRANCISCANA
La orden femenina franciscana, las clarisas, llegó a La Habana en 1644 y se instaló en el recién terminado convento de Santa Clara de Asís en la gran manzana limitada por las calles Cuba, Luz, Habana y Sol. En esta última tiene la portada de ingreso al locutorio y la clausura.
Fue fundado dicho convento por cinco monjas procedentes de Cartagena de Indias, con sor Catalina de Mendoza a la cabeza de aquella mística y peligrosa travesía por el mar Caribe, infectado de corsarios y piratas.
De las obras generales, se sabe que fueron realizadas por el alarife maestro mayor José Hidalgo,4 y un siglo más tarde, el maestro Pedro Hernández de Santiago levantó la torre de cantería, en tanto que la obra general de carpintería5 se adjudica al maestro Juan de Salas, cuyos restos fueron encontrados en el eje longitudinal (norte-sur) de la iglesia uninave. Su intervención como carpintero quedó documentalmente tallada en el friso de la fabulosa cubierta de madera, armadura de par y nudillo del coro alto.
Entre las personalidades históricas más relevantes que pasaron por aquellos claustros,6 se encuentra una niña –famosa no específicamente por su vocación religiosa– de nombre María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, conocida desde su matrimonio como condesa de Merlín, escritora de prestigio en el París decimonónico y a cuyas tertulias acudía lo más sobresaliente de las artes y las letras de su tiempo.

ORDEN TERCERA FRANCISCANA
Como se sabe, porque ha llegado hasta nuestros días, el complejo religioso franciscano de la calle de los Oficios posee dos claustros además de la iglesia. De acuerdo con fuentes documentales, existía al este otro claustro menor, junto a patios y dependencias, en los terrenos costeros actualmente ocupados por el Jardín Madre Teresa de Calcuta. Y anexo al segundo claustro –claustro sur– se levantó hacia 1758 una capilla de la Orden Tercera, construida por seglares.
De esta manera quedaba completado el trío de religiosos (masculino, femenino y seglar) de la Orden de San Francisco de Asís, todos de la misma denominación, como también acontecía con los dominicos y los agustinos. Así, por ejemplo, también se conserva en La Habana la misma estructura organizativa en el primitivo convento de los religiosos de la Orden de San Agustín y su Orden Tercera seglar, anexa al convento en la esquina de Amargura y Aguiar.7
Sobre la Orden Tercera franciscana, hasta el momento, se conoce –y se ha divulgado– menos que de las otras dos. El historiador Arrate señala como primera ubicación y antecedente, un solar dentro de los términos del convento, entre los dos claustros, donado en 1599 por el Padre Guardián fray Antonio Camargo en nombre de los religiosos a los mayordomos de la cofradía de la Santísima Veracruz: Pedro Portierra y Antonio de Molina.
Fue erigida entonces, hacia 1608, una capilla con puerta a la calle de los Oficios, siendo gobernador Gaspar Ruiz de Pereda. Otros estudiosos señalan como la primitiva sede un local –también dentro del convento– que todavía se conserva con la única puerta de acceso directo desde la calle antes mencionada, justo al lado de la definitiva y actualmente conservada Capilla de la Orden Tercera, situada en Oficios esquina a Churruca. Pero lo limitado del espacio sugiere que aquel local sólo podría servir para reuniones de sus miembros.
Lo que se conoce gracias a Arrate –y por lo que también se ha conservado hasta nuestros días– es que en 1678 los poderosos promotores laicos de la Orden Tercera franciscana decidieron comprar a los religiosos un buen terreno, anexo y al sur del convento, con frente a la calle de los Oficios.
Lo espacioso del lugar permitió la construcción de una iglesia uninave de planta en cruz latina y posiblemente cubierta de espléndidas armaduras de madera. De acuerdo con la lápida colocada en su fachada, se puso la primera piedra en 1743 y se terminaron las obras en 1758.8
La capilla también se conoció con el nombre de la Santa Veracruz y de ella salía –los viernes de cuaresma– la procesión del Vía Crucis que subía por la calle Amargura hasta el Humilladero, donde hoy se levanta la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje.9
{mosimage} De la planta original en cruz latina sólo se conservan los espacios –alterados en altura– de la cabecera, parte del transepto y la nave con su portada. Perdió, en el transcurso del tiempo, el brazo izquierdo, una sacristía y un atrio paralelo a la nave, que completaban el área original de la parcela rectangular. La pérdida de aquella franja de terreno –desde Oficios hasta el litoral– permitió ampliar el callejón de Churruca.10
Las leyes de desamortización de Mendizábal de 1842,11 no afectaron la propiedad particular de la capilla de la Orden Tercera, pero hicieron inoperante su situación urbana al quedar aislada del convento franciscano por la exclaustración de los frailes.12
En 1916, segunda década de la época republicana, al instalarse en este inmueble las Oficinas Centrales de Correos y Telégrafos, el ámbito de la capilla sufrió una profunda alteración. Su altura monumental se dividió en dos niveles como ya hemos citado: planta baja y planta alta, coincidiendo con los niveles de piso de los claustros del convento.13
Aún puede observarse en el tercer nivel del claustro sur, correspondiendo con el transepto de la capilla, el enorme arco toral que limitaba el brazo derecho y definía el crucero desaparecido. La planta alta de aquel espacio de la Orden Tercera hoy se conoce como Salón Blanco y es usado para congresos y exposiciones. La planta baja es la que en la actualidad ha sido destinada a un pequeño teatro para niños.
El muro que se interponía entre la nave y el atrio sufrió en los dos nuevos niveles la apertura de numerosos vanos rectangulares con carpintería de madera y cristal, muy convenientes para las nuevas funciones de oficinas y despachos.
Actualmente, esa transformación permanece y es la fachada al callejón de Churruca, vía que separa el convento de la antigua Cámara de Representantes (1911), actual sede del Gobierno Municipal del Poder Popular de la Habana Vieja.
La fachada original, a la calle de los Oficios, de la Capilla de la Orden Tercera también sufrió alteraciones, pero afortunadamente conservó su importante portada resuelta en entablamento asentado en un espléndido desarrollo de nerviosas retropilastras pareadas que recuerdan la solución de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced en la calle Cuba.
En el segundo nivel se abrió un vano rectangular de regulares proporciones, coronado por un tímpano ecléctico neoclasicista, que para los poco informados puede parecer una antigua ventana coral. Pudiera haber existido con anterioridad el vano, pero la terminación, los materiales empleados y el diseño inclinan la balanza hacia una piadosa intervención historicista, respetuosa de la portada primitiva que corona.
La reja que observamos hoy en la portada de acceso principal es antigua del Convento, pero seguramente de otra ubicación interior. El medio punto de hierro forjado y el portón son de nueva fabricación, de cuando allí estuvieron instalados talleres temporales de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos, y se han conservado por razones económicas en el nuevo proyecto de la sala teatro.

SALA TEATRO DE LA ORDEN TERCERA
Las nuevas funciones asignadas por la Oficina del Historiador de la Ciudad al espacio original –en planta baja– de la capilla de la Orden Tercera, fueron difíciles de cumplimentar por lo reducido del espacio y la imposibilidad de crecer en ningún sentido. También complejizaron la situación los resultados de las excavaciones arqueológicas que pusieron en evidencia la existencia de enterramientos, lo cual obligó lógicamente a dejar un área limitada para exponer los hallazgos, con entrada independiente desde el Jardín de la Madre Teresa de Calcuta. A este propósito contribuirá una estructura para recorrido de los visitantes y la conveniente iluminación e información complementaria de las criptas y los restos humanos encontrados.
La pequeña sala teatro se ha organizado con un programa arquitectónico de mínimos recursos espaciales: un vestíbulo, una taquilla y los correspondientes sanitarios para niños en la planta baja. Una escalera conduce a los sanitarios para adultos, comunicación por puentes con la cabina técnica (tramoya, luces, audio) y un pequeño almacén en el nivel de un nuevo entresuelo.
La sala de butacas para 124 capacidades y el escenario –únicos ambientes climatizados– ocupan como es natural todo el espacio en ancho y puntal disponibles. Bajo el entresuelo dedicado a cabina técnica, se ha creado otro espacio de bajo puntal, realmente complemento del tránsito entre el exterior, el vestíbulo y la sala. En ese lugar, un frente de espejos antique amplía el ambiente y provoca una nueva relación del público con el espacio por reflejo difuso, un acomodo de la vista, además de ser un preámbulo al volumen dominante de la sala. {mosimage}El escenario ha sido todo lo generoso que ha permitido el terreno, teniendo un solo hombro derecho, espacio del antiguo brazo de la planta original en cruz latina y amplio acceso directo desde el callejón de Churruca.
Lateralmente, con espléndidas vistas a las galerías, el jardín y la fuente del segundo claustro del convento, se reservó un espacio con carácter histórico por el techo de madera, las rejas y carpinterías conservadas. Servirá como expansión para el público en los entreactos, actividades y exposiciones diversas.
Su ingreso desde la sala de butacas es un primitivo y recortado vano en arco abocinado, de escala monumental, cuyo nuevo cierre de vidrio contiene la puerta de dos hojas de interconexión.
El citado local cumple al mismo tiempo una importante función de circulación y acceso directo al hombro del escenario.
Con el mismo recurso de la construcción de un entresuelo, se resolvieron mínimas facilidades para camerinos en el nivel superior, y para oficina en el nivel inferior, en áreas anexas hombro del escenario.
El equipamiento de alta tecnología de la sala permitirá la mayor versatilidad posible de espectáculos de cámara, de pequeño formato, condicionadas las dimensiones generales físicas por las razones ya citadas.
Como obra contemporánea, la sala teatro ha sido equipada con toda la infraestructura técnica necesaria: instalaciones eléctricas y sanitarias, climatización, sistema de detección, alarma y extinción de incendios, entre otras.
Un falso techo contribuye a mejorar la acústica y enmascarar la dura apariencia de la cubierta de hormigón conservada. Su forma está inspirada en las curvas catenarias que formaban los toldos que cubrían las calles comerciales, de fachada a fachada, como se observa en fotos y grabados antiguos de vistas de la ciudad y se detalla en los textos de viajeros ilustres del siglo XIX.
No se emplearon otros recursos decorativos aparte del falso techo, correspondiendo con la austeridad de la arquitectura del inmueble en general. Los pavimentos nuevos son de losa de barro aunque se diferencia en dimensiones de la tradicional. Los colores de alfombra, muros, falso techo, telón de boca y butacas, armonizan en una paleta cálida de colores a partir del color del barro cocido. La madera –el noble material– está presente en los distintos elementos históricos y además en los nuevos diseños de escalera, barandas, rodapiés, pasamanos y borde del tabloncillo del escenario. En el vestíbulo principal de entrada, el punto focal es un mural de losas de cerámica especialmente diseñado para el lugar por los artistas Isavel Gimeno y Aniceto Mario Díaz, colocado sobre las puertas de vidrio de entrada a la sala.
La larga y singular tarea de intervenir constructivamente en el antiguo Convento de San Francisco de Asís, que incluyó restauración, rehabilitación, reconstrucción e intervenciones contemporáneas de nuevo diseño –como es el caso específico de la Capilla de la Orden Tercera–14 parece haber llegado a su fin. Ahora continúa otra labor callada y anónima pero imprescindible: el trabajo habitual y sistemático de conservación del conjunto, como se ha venido haciendo desde la reinauguración de la Basílica Menor. Otra nueva función social de profundo contenido humano, con el niño como beneficiario directo, se une a otras obras realizadas por la Oficina del Historiador de la Ciudad con anterioridad. Una noble función para un noble edificio colonial.


1 La torre anterior la había fabricado Pedro Hernández de Santiago, célebre por haber también intervenido en las torres del Convento de Santa Clara y de la iglesia del Espíritu Santo.

2 En el convento se impartían clases de Filosofía, Teología, Gramática y Matemáticas. Allí estudió y después también impartió clases de filosofía el insigne educador José de la Luz y Caballero.

3 La fuente fue restituida a su lugar de origen en 1966, desde uno de los parques de La Fraternidad Americana, última ubicación entre otras muchas que tuvo en la ciudad.

4 La extensa fabricación religiosa se caracteriza por sus muros tapiales con rafas de cantería.

5 Excelentes armaduras de par y nudillo y de par e hilera, un excepcional alfarje de doble orden sobre el coro bajo, el retablo de la iglesia y la imagen de la Purísima Concepción que lo presidía.

6 De este convento salieron con permiso papal las fundadoras del desaparecido Convento de Santa Catalina de Siena, que se asentaba en 1700 en un terreno limitado por las calles Compostela, O'Reilly y Aguacate hasta 1918 cuando las catalinas se trasladaron para El Vedado (Paseo, A, 23 y 25). En su terreno primitivo se levantaron La Metropolitana y el Nacional City Bank of New York. Sólo quedó el área del coro, separada del convento al reabrirse la calle San Juan de Dios.

7 En el atrio de la Orden Tercera agustina las investigaciones arqueológicas han dado como resultado el descubrimiento de numerosos enterramientos. Su portada a la calle Amargura es un notable exponente de su época.

8 La actual lápida, colocada en 1996, es reproducción de la original hecha en piedra arenisca y que llegamos a conocer muy desgastada por la intemperie y el paso del tiempo.

9 Se conserva la Cruz Verde en la esquina de Amargura y Mercaderes como recuerdo de una de las estaciones donde se detenía la procesión.

10 Llamado así en recuerdo de Cosme Damián Churruca y Elorza, héroe de la batalla de Trafalgar en 1805, donde murió en combate contra los ingleses.

11 Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853), político y financiero español, dictó las principales leyes de desamortización española entre las cuales se destacó la supresión de las órdenes religiosas y la incautación por el Estado de sus bienes (con la salvedad de las dedicadas a la enseñanza de niños pobres y a la asistencia de enfermos).

12 Los franciscanos fueron trasladados por orden de la Corona para el convento de los agustinos y para el de los propios franciscanos en Guanabacoa, más tarde de los escolapios.

13 El elemento más agresivo e irreversible fue la estructura de hormigón que limita la altura de los dos niveles, con recias vigas de 50 centímetros de peralto, apoyadas en los gruesos muros de mampostería que conformaban la nave original. Esas transformaciones perdurarían luego de que, ya siendo Secretaría de Comunicaciones, dichas oficinas fueran trasladadas a la Plaza de la Revolución José Martí como Ministerio de Comunicaciones en 1954.

14 El nombre de la Venerable Orden Tercera franciscana, después del Concilio Vaticano II, ha pasado a ser Fraternidad Franciscana, con una directiva mixta de género, en contraposición a la organización primitiva de dos directivas: una masculina y otra femenina. En la citada capilla de la Orden Tercera estuvieron la archicofradía de los cordígeros (niños hasta 15 años), las cofradías de la Santa Veracruz y San Nicolás de Bari y la hermandad del diario de la Purísima Concepción y Santa Corona. El investigador Pedro Herrera López, consultado al respecto como en tantas otras oportunidades, conoce a una cordígera actualmente residente en Guanabacoa.

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