A través de piezas escultóricas el escultor Alejandro Sautié Viera evoca el virtuosismo de intérpretes de la danza.
El joven escultor Alejandro Sautié Viera, se regodea en la recreación de poses dancísticas, algunas de las cuales podrían ilustrar una clase práctica por la perfección de determinadas poses.

 Intérpretes de la danza en diversas manifestaciones fueron evocados en su virtuosismo a través de piezas escultóricas acogidas por la Casa de la Orfebrería (Oficina del Historiador de la Ciudad). Pasos y movimientos que, imbuidos de cadencias acompasadas, denotan lo irrepetible de un cambré, realizado por una bailarina, en la perfección del arqueo de su espalda.
Tal parece como si las figuras danzaran bajo el influjo de melodías inaudibles para los profanos, en dinámicas que aportan la esencia de los desplazamientos –de la suave lentitud a lo vertiginoso–, emanados de la música interior que en ellos introdujo la mano sabia de un escultor, quien no repara mientes en materiales.
Una buena parte de su obra es un contrasentido. Porque otorgar flexibilidad a la solidez del hormigón armado es infringir las leyes de la lógica. Sin embargo, el joven escultor Alejandro Sautié Viera (La Habana, 1965) no sólo lo ha logrado, sino que se regodea en la recreación de poses dancísticas, algunas de las cuales podrían ilustrar una clase práctica por la perfección de determinadas poses.
En esta muestra personal, titulada «Más allá del movimiento», existen piezas que constituyen una síntesis de pasos y gestos, como Giros, realizada en la técnica del ferrocemento, a partir del modelado de la imagen volumétrica, sostenida por una malla que habitualmente se mantiene hasta el final, conservando el eje.
 Pero el creador se arriesgó y la liberó de su prisión antes de lo previsto, con el fin de otorgarle cierta inclinación que le confiriera una soltura de excepción. Y debido a sus valores artísticos ha sido solicitada para integrarse al patrimonio del Museo Nacional de la Danza, lo cual ocurrió durante una ceremonia en que la pieza fue ubicada en un lugar preferencial, junto a otras obras de arte.
En ella puede observarse un efecto textural agreste –que contrasta con lo depurado de sus líneas–, logrado al caer gotas del material de base, desde el pincel, sobre la superficie. La mirada del espectador se siente atraída por el hecho danzario y se deja llevar por armonías estéticas que confluyen en torno al eje del bailarín, como piruetas dibujadas en el aire.
Este desfile de criaturas ingrávidas, pero de gran fuerza expresiva, fue conformado como parte del evento Danzas en Paisajes Urbanos «Habana Vieja: Ciudad en Movimiento», celebrado en el Centro histórico. La exposición, más que una función ilustrativa, demuestra al espectador cuán creador es el arte de hacer hablar al cuerpo en metáforas gestuales.
Algunas esculturas evidencian una simbiosis entre lo inaudible de la música oculta en el sentimiento del intérprete y la ternura de la maternidad, cuando la mamá mece en sus brazos al bebito. Pero no se circunscriben a esta técnica, pues Sautié refiere historias en maderas preciosas ensambladas con metal, a partir de hojas que adquieren diversas connotaciones, mientras reina en aquel rincón de su mundo fantástico la Figura danzante, en un perfecto acabado de la talla sobre caoba y cedro, en un concierto de metal, anunciador de habilidades, talento y un ansia de fabular casi en susurro.
Nada puede interferir el diálogo entre arpegios y tonalidades de esas melodías que fluyen desde el corazón de estos seres tan humanos, los cuales se imponen a maderas y piedras, porque secretamente el artista les insufló pulsaciones de vida y amor.

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