«Repasando las obras de los últimos años, vemos que Quintana Martelo deja de mirar hacia el exterior y se centra en su entorno. Pinta lo que esta cerca, lo próximo. Una y otra vez», afirma Miguel Fernández-Cid en las palabras al catálogo de la muestra «Memoria» del artista español Manuel Quintana Martelo, inaugurada en la tarde de este jueves 30 de septiembre en el espacio expositivo Factoría Habana.

Hace años, cuando se le planteó realizar una revisión global de su obra, rechazó ordenar una retrospectiva que permitiese seguir la evolución de sus imágenes, defendiendo una opción más arriesgada y feliz: representar el momento de la aparición de la pintura, incluyendo la imagen del estudio, sus objetos y el artista dando al conjunto la condición de taller.
Manuel Quintana Martelo nace en una tierra (Galicia —Santiago de Compostela—) un tanto aislada en la España de los años 50 y 60. Cuando decide ser pintor, tiene que marcharse a aprender el oficio, y elige la Escuela Superior de Bellas Artes Sant Jordi de Barcelona, una ciudad con un ambiente cultural mas abierto y plural, una ciudad que ligamos siempre al clasicismo de las culturas mediterráneas, pero  que, en esos años, vive la extensión del gusto por la pintura matérica, con frecuencia no figurativa. Dicen que el choque desconcierta un tanto a Quintana Martelo, pero sin dudas es el origen de un sentimiento que le acompañará desde entonces y que creo que termina por definir su actitud en la pintura, por su implicación con ella, por su sentido.
…Repasando las obras de los últimos años, vemos que Quintana Martelo deja de mirar hacia el exterior y se centra en su entorno. Pinta lo que esta cerca, lo próximo. Una y otra vez. Sus imágenes no son ventanas al mundo sino composiciones a partir de visiones fragmentadas de lo que le rodea. Cuando son más clásicas aparecen como bodegones; cuando son más libres, tienen ecos del collage y de un encuentro casi azaroso entre la pasión por trabajar suelto, libre, ágil, y la certeza de que debe aspirar a lograr estadios de armonía.  Todo, sin embargo, esta pensado. Múltiples dibujos y obra sobre el papel recorren los rincones del estudio, descubriendo los objetos que lo habitan. Todos hablan de pintura y objetos pictóricos. La relación que se establece entre ellos resulta especial: funcionan de manera individual pero agradecen estar en compañía. Entonces se percibe mejor el interés compositivo, la búsqueda de soluciones de equilibrio. …Quintana Martelo reproduce los objetos de su taller, primero desde la pintura y mas tarde llevándolos a la tercera dimensión. Hace años, cuando se le planteó realizar una revisión global de su obra, rechazó ordenar una retrospectiva que permitiese seguir la evolución de sus imágenes, defendiendo una opción más arriesgada y feliz: representar el momento de la aparición de la pintura, incluyendo la imagen del estudio, sus objetos y el artista dando al conjunto la condición de taller.
(Palabras al catálogo de la exposición «Memoria»).
Miguel Fernández-Cid
Curador de la muestra.

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