Todavía me parece que puedo encontrar a Liborio Noval (La Habana, 1934) al doblar una esquina de las estrechas calles de La Habana Vieja o como la última vez que nos vimos en el vestíbulo del Palacio de Lombillo. Siempre que lo evoco me viene a la mente aquel hombre jovial que, ataviado con un juvenil chaleco, junto a sus indispensables instrumentos de trabajo, llevaba entre los labios el omnipresente habano.

Desde marzo de 2013, la Casa-Museo Juan Gualberto Gómez exhibe, como parte de su colección permanente, la obra Hortelanas, realizada por Concha Ferrant (La Habana, 1882-1968). Este óleo sobre lienzo constituye una pieza museable, no solo por su valor estético, sino también por su significación histórica, ya que fue obsequiado por la artista guanabacoense al independentista y periodista cubano Juan Gualberto Gómez.

Emplazada en mayo de 2013, la escultura de Roberto Fabelo en la Plaza Vieja ha venido a enaltecer la dimensión patrimonial de una urbe que tiene nombre de mujer.

En julio de 1988 quedó emplazada en la cienfueguera Rotonda de Punta Gorda la escultura que, para algunos, sería el último trabajo de la renombrada artista cubana Rita Longa.