Las bondades naturales de la rada habanera y la intensa actividad de los armadores en sus astilleros particulares, no escaparon a la acuciosa mirada de los visitantes que —allende y aquende los mares— escribieron pintorescas crónicas destinadas a saciar la curiosidad de los lectores europeos.
 Mientras los arsenales y astilleros situados en España utilizaban los diques como plataforma para la construcción de bajeles, en Cuba fue necesaria la implementación de la grada, debido a las condiciones del litoral costero del archipiélago, cuya naturaleza caprichosa de la roca no propicia calar en ella complejas estructuras navales.
 La temprana actividad de la construcción naval en Cuba —y en especial en La Habana—, nos lleva a pensar ¿qué destino tenían los bajeles construidos en los astilleros particulares situados en la margen oeste de la rada?
 Documentos hallados por el investigador cubano César García del Pino en el Archivo General de Indias dan fe del conocimiento y uso de la rada habanera previo al bojeo a Cuba efectuado entre 1509 y 1510 por Sebastián De Ocampo, a quien se le atribuye su bautizo como Puerto de Carenas.