Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
martes, 31 de agosto de 2010
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En esta ocasión, el articulista nos cuenta: «No he pretendido hacer un estudio científico ni psicológico de los simuladores. Sólo presento unas cuantas variedades y tipos criollos de ese curioso grupo de la especie humana que en su lucha por la vida, o por los garbanzos, según diría un filósofo de bodega, ha adoptado como lema y bandera el engaño y el fraude».
Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
lunes, 19 de julio de 2010
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Esta vez el articulista refiere las habilidades y defectos de los camareros, dependientes o mozos de cafés y restaurantes, a quienes considera «mis amigos más predilectos y estimados».
Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
jueves, 15 de julio de 2010
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En esta ocasión, el articulista afirma:«La playa es realmente maravillosa. El exceso de luz y de blancura nos deslumbra en los primeros momentos, nos ciega, nos ofusca, como cuando al doblar una esquina, o un palco, en noche de ópera, vemos aparecer una de esas mujeres de belleza dominadora y espléndida, ante las cuales, como ante una visión sobrenatural, no sabe uno si caer de rodillas o echar a correr».
Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
miércoles, 07 de julio de 2010
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En esta ocasión el articulista nos comenta:«Una de las cosas que más llama la atención en nuestra capital al extranjero que la visita, es el exhibicionismo exagerado que ofrecen las casas mortuorias o de pompas fúnebres».
Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
miércoles, 30 de junio de 2010
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En esta ocasión, el articulista nos comenta: «De todas las manifestaciones o actos sociales convertidos ya en costumbre y ritual forzoso cuando ocurre la muerte de un individuo, hay tres en los que el ridículo, la farsa y la hipocresía se manifiestan en grado superlativo: el velorio, el entierro y el luto».
Por: Emilio Roig de Leuchsenring.
lunes, 21 de junio de 2010
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En esta ocasión, el articulista nos comenta: «Conservada su memoria, a través de los siglos, por los poetas e historiadores, e inmortalizados en el lienzo o la piedra por los artistas, han podido llegar hasta nosotros los bufones, míseros esclavos que, deformes, cubiertos de colorines y cascabeles, entretenían con sus piruetas, sus gracias y sus chistes, a sus amos y señores».